sábado, 29 de enero de 2011

Madrugada de tedio y relámpagos.

Madrugada de tedio y humos que bailan enroscados en ceniza. Noche de pupilas afiladas clavadas en el horizonte más cercano de mis recuerdos. Sombras al borde del pleonasmo se esfuerzan cada vez que susurran entre ellas intentado adivinar la silueta azul que veo cada vez que despierto.

Vuelvo a nuestro turno y descubro una franja impermeable en el azul del cielo. Mientras todo oscurece, justo cuando cae la tarde naranja, veo como el pacto del sol con la noche se rompe por los retazos de plumas de bandadas de gorriones que recuerdan al dulce sortilegio que me regalaste, despeinada, en el asiento de atrás de aquella falúa en la que te amé.

Llueve y sigo arañando el cristal. La luz febril de la calle provoca chapoteos de gatos insomnes que se asustan y huyen cuando me escuchan soñar que cuento relámpagos contigo. Un espectáculo sentimental yace sobre el ruido de tu oxímoron desgarrado en el frío gris del cielo tormentoso.

Cuando nos quisimos dar cuenta, la taquicardia invadía nuestros pechos, latentes y ardientes, desfigurados por el recuerdo de aquel susurro ensordecedor que apareció, abrazado a tus caderas y entró por aquella ventana azul que estaba siempre abierta de par en par.

Los mechones se volverán a erizar con la humedad. Volveremos a confundir el verano con la nieve y el invierno con cometas comprometidas con la brisa. Confundiremos tu piel y mi piel, fundidas, destrozando nuestros cuerpos prietos. Escaparemos del mundo, de nuevo, con el único equipaje de nuestros besos descaradamente azuleados.

Llueve, y sigo despierto sollozándole al oscuro tacto de mi cristal, que echa a temblar cada vez que sueño e imagino tu batir de párpados a mi lado, escapando y pactando un plan de huída hacia tierras lejanas donde seamos eternos mientras la luna baile en tus labios.


Autor: Ricardo S.T.

martes, 4 de enero de 2011

Deseo azulado.

Y como te dije… Ponte en situación. Madrugada de enero. Tintes fríos se vierten sobre la ventana. Ojos entrecerrados, húmedos entre las pestañas que intentan robarme hasta la mañana siguiente. Febril humo que recorre verticalmente cada centímetro de mi habitación.

Devolviendo quehaceres a un sentimiento lleno de interrogantes azules en tus ojos, signos de exclamación oscuros en los míos. Formas redondeadas, felinas, atrapando visualmente un deseo.

Un deseo que me recuerda a situaciones frías, a recuerdos grises como el de aquel verano que nevó en mi habitación. Un deseo azul que hará que desee que te quedes conmigo mientras haces que cada página de mis libros sobrevuele y se tumbe sobre su tapa, dura y compleja con ribetes negros y dorados que embellezcan su torso.

Un deseo azul que remueva todos los folios del cajón, descuelgue las fotos colgadas de la pared y haga temblar la ropa tendida en el balcón.

Aquella sensación azulada hará de la calle un arañazo en mi cristal, un tiempo estancado en el que echarán a volar todas las palomas, se removerán todas las hojas a tu paso, se levantarán cenizas y humo de los cigarros fumados pensando en ti y cubrirán todos los paisajes, los veranos, los diciembres y los febreros, quemando con la ceniza el sol del ocaso y descubriendo que mi silueta sigue en tu suelo.

Necesito tus matices arrojándome por el acantilado de cada página azul que tintas con tu carbónico, necesito creer en ti, en lo que encontré aquella noche en la que música y conceptos de multitudes me echaron una mano y me hicieron tropezar contigo, con aquella musa azul, de celeste luz y roces de letras en sus manos. Hicieron que recordara que quedaban suspiros por los que enredarse con la multitud para verte entre la feroz marea de gente, pese a los empujones, pese a las miradas, pese a que tu azul me haga temblar.

Ésta podría ser la carta de un hombre que echa de menos amar mientras se cansa de maldecir los días en los que me dices que todo va a irme bien, odiar los segundos lamentándome porque sé que no me importa aquel que haga estremecer tus caderas ya que sé que eres mi texto, mi música, mi alcohol y mi melancolía. Mi recuerdo inerte y sobrio sobre el que despeinaría oro, sobre el que buscaría adivinar mi voz con tu voz en mi habitación.


Autor: Ricardo S.T.

martes, 21 de diciembre de 2010

Nuestro turno.

Dejarme la noche callada, con estrellas rotas y madrugadas con humo temblando en mis ojos. Soledad ante el frío, imaginación para pasar un día más. Roces de manta y lápiz hacían del mundo uno diferente y lleno de sensaciones y presiones en el pecho, delirios en forma de vibración cada vez que respiraba hondo.

Asomado arañando el cristal, soñando afinar en la noche mis encuentros y despedidas entre gritos y tormentas, golpes de lluvia y multitud incandescente.

Se congela el sueño mientras derrocho mi noche mirándote desde la memoria herida. Fumo un cigarro para escuchar el perfume de tu luz manchado por escritos y fotos de tu última fiesta. Si suspiras esparces todas las cenizas que queman la nostalgia e impaciencia de un tiempo que, de momento, hace que crezcamos, dudemos y esperemos nuestro turno mientras nuestra vela alumbrada anochece.

Recordar como un verso poético cómo te conocí. Algo movió todos mis papeles y libros de mi escritorio. Algo hizo pasar las hojas de mis noches anteriores, de mis reflejos y matices olvidados, algo recorrió inesperada y dulcemente las cortinas, los espejos, mi música callada. Algo con susurros rubios que azuleaba por donde pasaba. Sé que entró por mi ventana al escucharme temblar cuando la dejé de par en par… Y así, sin previo aviso me puse a imaginar cómo sería si te quedases cada noche.

De vez en cuando recuerdo cuando la vereda de mi persiana estaba cerrada sin dejar que la luz cantase al albor. Ahora desafío, en el silencio, mi destino y solo pido que aparezcas sobre la rutina ofreciéndome luz y variedad.

Y como todas las noches desde aquella noche de aires ausentes, tú de nuevo incitando mis madrugadas, volviendo a hacerme creer que el carbónico se agota de tanto juntar letras con tinte dedicado. Vuelvo a echar horas a la coartada perfecta para raptar de nuevo un paraguas cuando chispee, para manchar, tal vez, una tarde gris e inconclusa de rojo color caramelo. Para recordar, a tu lado y junto a versos en prosa cómo la panza del horizonte de un cielo naranja puede ser solo rota por tus ojos al azulear.


Autor: Ricardo S.T.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Mechón azul.

Excusa azulada que me enrosca entre tus mechones sobre el cuello y los matices de la curva de tu espalda.
Visiones de suspiros que estremecen cada vez que te conozco, que entiendo cada letra que expones sobre cualquier folio o servilleta, sola, con tu carbónico helado, dedicada tras sollozos inmensos que se mueven con dulzura tras el roce de tus lamentos.

Formas de mandíbula para enrojecer la noche y sus acordes… Para sentir el frío tras el cristal y cristalizar cada pestaña que rapta tus ojos hasta tan tarde.
Manto de luna y luz azul que cubre, tras cenizas y humo, una sed inconclusa y escandalosa de compañía alternativa huyendo de mi rutina.

Horas trasnochadas observando el baile de la bombilla en mi habitación. Disfrutando de la luz que se escurre entre la vereda de mi puerta esperando tal vez, algún día iluminar aquel camino que nos lleve hasta libros con musas azules que encandilen la parte bohemia de las situaciones más rutinariamente cotidianas.

Maldigo tu ausencia, maldigo los lamentos, maldigo la falta de sueños, maldigo todo lo que no haré. Maldigo la carta llena de heridas que no puede alumbrar al destinatario, maldigo mi voz sin tu voz. Maldigo todos los deseos que nacen en mi boca y terminan rompiéndose en mi copa.

Aunque quizás la vida nos deje como herencia un día en el que todo será diferente, con noches de otoño y marzo, verano y diciembre, noches robadas desde el tacto de tus manos buscando en mi ropa, todas las noches señaladas en tu portal. Madrugadas encerrados y liberados en un baile, en un sueño, en un coche.

Notar, quizás, el frío de tus manos que no cesa, la mirada perdida en una costa azuleada, observando cómo mil gorriones rompen el cielo naranja cada atardecer mientras dedicas tu vida a saltar, desde mi mano, a un roce dramático de versos en prosa.


Autor: Ricardo S.T.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Segunda edición 'Volviendo negro lo que corre por las venas'



Desde la editorial 'Bubok' se puede adquirir la segunda edición del libro 'Volviendo negro lo que corre por las venas' de Ricardo Semper Trilles, con contenido extra y mejoras en el formato físico.
También puedes hacerte con la edición en e-book descargándotela por un precio mínimo.


'Volviendo negro lo que corre por las venas' es una recopilación de los relatos más exitosos de Ricardo Semper Trilles, que reflexiona mediante experiencias biográficas los haceres del amor y su posterior declinación hacia lo importante en la vida de un adolescente.

De este libro se han vendido cerca de 60 copias, provocando que Ricardo Semper Trilles fuera autor destacado en 'bubok' en Julio 2010.

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¡Muchas gracias por todo el apoyo que me dais leyendo mi primer libro!

sábado, 27 de noviembre de 2010

Hacinada.

Demasiadas maneras de recordarte, de volver al lugar donde nuestros bocetos están rotos y arrojados por el viento.

Vuelvo a escuchar el olor de tu sombra, a llorar por soñar contigo en un lugar lleno de canciones… Canciones que nos describan, que nos cubran en invierno y nos quiten el chaqué en verano.

Pero hace demasiados ocasos que me pesa este fracaso y solo puedo ver correo sentimental a tu nombre, ceniza de tu cigarro quemándome la vida y mi casa repleta de fantasmas que tú dejaste en mi cama cada vez que provocabas que perdiera el norte.

El tiempo incumple lo que prometió y se equivoca y erra en tus ojos. Dejó de lado un futuro intacto.

Ahora no ves que la culpa te abriga, piensas que quedan muchas cosas por vivir, muchos encuentros y muchas despedidas. Pero no te paras un segundo a pensar que quizás la canción que buscas no está dentro de un cofre en una isla desierta, quizás esa canción que siempre o casi siempre has buscado está en mi regazo, en mi pelo, en mis ojos y en mis primaveras. No piensas que éramos eternos antes de que te hacinaras con otros amores; Que nadie te haga pensar que nuestros besos no fueron los mejores amantes cuando mi vida ardía en tus labios.

No me gusta pensar que lo cambiaría todo a cambio de que este jodido mundo terminara en mitad de nuestro abrazo.

Tus ojos, tu nariz, tu aro, tus dientes, tus pasos cansados, tus besos y yo encogido en ellos sabiéndome contigo. Mi recuerdo enroscado en tu silueta. Que se abran las ventanas y dejemos que se marchen.

La nostalgia sabe a promesas solemnes de pertenecerte de por vida.
Te dejo como herencia el olor a la tristeza, la utopía desdichada, el recuerdo de otros… Mi amor de cuerpo y alma y mi sonrisa en el suelo.



Autor: Ricardo S.T.

sábado, 30 de octubre de 2010

Demuéstrame rápido.

Demuéstrame rápido, amor mío, que el mundo no roba recuerdos olvidados, que no todos los días son grises y llueve a cántaros mientras la vida se aleja.

Demuéstrame que nuestras cicatrices no queman con la lluvia. Hazme ver que los solitarios tienen una historia del futuro, un mañana con luces brillantes.
Hoy hemos de romper el pacto del planeta con sus mentiras, el pacto de la vida con la gente que espera, de las cadenas del corazón.

No me digas, amor mío, que no fue todo real. No me quieras decir que tus ojos eran un simulacro de vida real. No quiero imaginarme que no eran verdad tus labios ardiendo a la luna llena.

Tenías mis susurros abiertos de par en par. Hechizado por escucharte, creí haberme enamorado.

No digas que todo era mentira, los cigarros consumiéndose, volviendo amarillos los dedos y gris el pulmón, derribando torres de ceniza, esparciéndola con ayuda de presagios involuntarios que se enredaban desvaneciendo cualquier sombra.

Hoy me llega tu despedida sin palabras ni besos. Hoy busco una canción que describa cómo el mundo se volcó por nosotros y de qué manera te convertiste en mi obsesión.

No digas que nada era verdad. ¿Quién provocó que dejasen de haber motivos para posar rumores de victoria en nuestras mentes?, ¿Quién detuvo la ciudad por ti?, ¿Quién devoró nuestros deseos?

No me importa quién te haga estremecer, quién mueva tus caderas o a quien regales tu voz febril mientras pueda quemar alguna noche mientras yo te miro.

Hoy mi ceniza dibuja un cielo en mis ojos, dibuja la silueta de mi cuerpo tumbado en el suelo.
Hoy la ceniza se amontona en mi pecho, rasgándolo y liberando mi corazón, que echará a volar como una bandada de gorriones.

Te imagino recorriéndome el cuerpo con tu voz, haciendo temblar mi ropa y bailando en mi boca, parándome el mundo… Y así pasaban lentas las horas hasta volver a escuchar tu voz.

Hoy dejaré la ventana de par en par por si la bandada de gorriones vuelve congelando sueños. Miraré a la ciudad con aire preocupado y alumbrado por la luz del ocaso.

El mundo se enferma mientras anochece cuando el llanto violento cose mis pestañas.


Autor: Ricardo S.T.

martes, 12 de octubre de 2010

Piscis.

Cielo con amenaza de nubes cargadas de incertidumbre. Lluvia esperada que cubriría de esperas, preocupaciones y lágrimas un camino de vuelta a la felicidad, descubriendo unos nuevos fugitivos, huyendo de la mano hacia nuevos proyectos de vida real, corriendo a través del aroma a hierba mojada y haciendo saltar de nuevo ese brillo embriagador y cristalino de ojos; ilusión por un nuevo día y una dinámica basada en un amor incandescente.

Empezamos con la noche caída y un mercurio doblegado y emergente, propio de mitades de Octubre.

Te esperaba mientras te buscaba entre la multitud, con mi ya tratado baño en un mar de ginebra. Te saludo, sonrisas. –“¿Qué tal?”.

Provocas arcoíris cerca de mis pupilas.
Unas pupilas dilatadas por un foco de luz de la orquesta instalada en la plaza, viendo como el blanco, el verde, el rojo y el amarillo se enredaba en tu cabello a ritmo de salsa cubana, la cual ya demostraste que dominabas mucho más que yo.

Dos besos, -“¿Tomamos algo?”.

De nuevo quería embarcarme contigo, a tu lado, por aquel mar de ginebra (y RonCola) en el que no tenía previsto encallar.

Mártir del sentimiento intenso, viviendo el momento y descubriendo matices de una conversación indirecta, contexto en segundo plano y miedos recorriendo de forma punzante mi espalda.

Conversación estancada entre vasos de tubo e ilusiones medio deshechas, como aquel hielo que hacías rodar con interés aguando tu decente copa.

Melodías envolventes al proponerme descubrir nuestros proyectos. Compañías de terceras personas que no ayudaban a soltarse y un ambiente poco idóneo hacían ver que tal vez mi recuerdo no estaba dispuesto a tener aquel local como el lugar definitivo y recordado con auroras de encanto y roces de manos.

Nos quedamos con una idea basada en el encubrimiento sentimental, una idea que traicionaba a la luna, movimientos torpes y un estudio de mis palabras para intentar convencerte de firmar un pacto para ese momento: Que no se acabara nunca la noche y recortáramos las distancias físicas más veces que de vez en cuando.

Entramos en un nuevo garito, uno muy bien puesto y con música que obligaba, por suerte, a hablar cerca del oído para poder ser escuchado.

Intensificación de la piel al compartir un rojo sofá, en una esquina y con la compañía de una vela consumiéndose y supurando cera líquida.

Otra vez no dudamos en tener como amistad a un vaso de tubo, con su hielo y su mar de ginebra para seguir buscando la tónica conversacional que pudiera, quizás, acercarme un poco más a tu corazón, bombeante y guardado con candado bajo llave.

Temblores en las manos, trago al gintonic. Fumo un cigarro y veo como vibra el humo de mil pitillos en el ambiente. Respiro hondo. Me sincero. Risas, nervios, prisas, miradas. Un ritual que provoca que me ponga tenso, buscando un sentimiento similar en ti. Beso. Besos. Mano en la cabeza y yo con mi tensión en la piel.

Trago y roce de cubitos en tus labios.

No oigo la música, no veo a la gente, la vela se ha apagado y tú sigues a mi lado, muriendo de nervios, contenta, preocupada… Me pides tiempo. Me arrojas hacia un posible futuro, sin visiones de proyectos que se esfumaron con conversaciones que intentabas fueran coherentes.

No sé cómo hacer que te dejes convencer de que podemos tener fe haciéndonos cargo de este sueño, sin posible fracaso y con lecciones aprendidas.

Me miras, así tan duro y tiemblo. Me apartas al cajón de los quizás, del plan B, de estructuras sentimentales. Me miras y quiero volver a besarte, a regalarte nuevos abrazos y seguir intentando huir de la mano al precipicio para no volver a soñar, ya que convertiríamos lo soñado en real.

Es hora de despedidas, sin canciones de amor y sin fechas marcadas en el calendario.

Dos besos. Dos, rozando tu mejilla y acordando futuros “hablamos” o “ya te llamaré”, recordando la tarea de completar tu canción, mi canción… La nuestra.

Salgo del garito, encallado. Y veo que la amenaza de lluvia ya moja el asfalto con una manta de desencanto empapado.

Fumo un cigarro esperando que la ceniza y el humo me digan que las cosas van a marchar bien, que abrazaré de nuevo la curva de tu espalda y que quizás, alguna copa decente venidera haga salir el sol apartando nubes y fracasos.

Mi caminar cabizbajo, empapándome y provocando coronas de agua. Agua sin truenos, ni relámpagos que iluminen el cielo gris.
Hoy volveré a soñar con proyectos, volveré a ilusionarme con posibles caminos a recorrer juntos, quizás con aprender a bailar… Pero a sabiendas de que son sueños de papel, fáciles de que los cojas y arrugues, arrojes y mojes. Aunque no está todo perdido, dejaré mi ventana abierta de par en par por si decides volver de repente. Recuerda que hay alguien que piensa en ti, y sonríe pensando que aquellos proyectos y sueños de papel pueden ser reales y así provoquen que pueda dormir a una hora decente, sin ver cada día como las veredas de mi persiana se inundan de naranja amanecer, de un despertar luminoso que refleja en mi cara y me hace saber que todavía he de estar volviendo negro lo que corre por las venas cada noche de mi vida hasta que tu pálpito reaccione a mi favor. Al favor de la Luna.


Autor: Ricardo S.T.

martes, 14 de septiembre de 2010

Sense cap tipus de motiu.

Sense cap tipus de motiu aparent el cigarro de les cinc i mitja de la matinada em porta records teus, records de platja i estreles reflectides en el mar.
El fum boira l'habitació i provoca que vullga tancar els ulls fins i tot sabent que si ho faig et continuaré veient encollida als braços d'un altre noi.

No hi ha manera de saber com fas que s'encollisca el meu cor si recorde la força d'un puny alçat o una llengua treta mentre la fotografien.
No comprenc per què he de notar el buit a la meua gola i tindre la necessitat despertar-te, recordar-te que existisc i intentar raptar-te una vegada més.

No em reconec a mi mateix, mirant espantat com es consumeix el cigarro, pensant en, potser, pèls enroscats atrapats per anells detallats o mirades que es confonen amb el rumor de les onades d'aquella platja on et vaig besar.

El rumb de l'existència sobreviu a base de cendra, aguanta il·lusionat amb peus soterrats en arena o pedres amerades per la humitat nocturna.
Tinc por de donar l'última calada sense possibilitat de seguir sorprenent-me cada vegada que em gite i somni amb tu pujant al meu cotxe, o contemplant la panxa de l'horitzó marí tan sols trencada per aquell petrolier.

No entenc com se m'eriça la pell si penso en un possible rescat en alta mar, o com m'estreny el nuc de la gola si imagine un naufragi que provoque marejada negra.

Mirada dèbil, parpelles necessitades de son, la televisió encesa, el llit cridant-me i jo amb la força i el desig de veure't demà, radiant i feliç amb les teves innumerables arracades, fregant, tal vegada, la mateixa brisa que coincideix en la meua direcció, escoltant, potser, rumors als que faces cas.

Eixos rumors et demanen que et jugues la resta amb mi, apostes fortes per la mà dèbil.
Eixos rumors et demanen que t'atrevisques amb el xic de negre, sabates de vestir en la platja i cervesa calenta com a única opció alcohòlica. Et demane que et deixes raptar de nou, fora de complexos ni conversacions alienes a nosaltres. Els rumors no volen que aparega eixe petrolier que em llevava temps de pupil·les dilatades i besos tacats de salnitre.

Sis del matí i puntes de cigarret doblegades, encorbades dibuixant el fons del cendrer. Somni amb què el Sol em diga clar què fer, si deixar que futurs vinguen senzillament… O jugar-me el tot a l'anomenada mà dèbil, apostar-ho tot. Tal vegada siga una mà guanyadora i, llavors sigues tu la que m'oferisca alguna que una altra cervesa freda en qualsevol racó. O tal vegada siga només il·lusió i massa fum en la meua habitació.


Autor: Ricardo S.T.

lunes, 30 de agosto de 2010

L'estrela roja.

Puc comprendre que tal volta no fos el teu paisatge perfecte, també puc assimilar que no volies escoltar el rumor de les oles que trencaven al apropar-se a les pedres que ens rodejaven. Però, amb tot, el refleix de les llums nocturnes d'un petroler que estava situat a l'horitzó, just trencant la barretja de mar i cel i la llum incandescent de la lluna fa que somnie cada nit amb els teus ulls, acurrucats i mirant-me radiants mentre que ens mullavem la roba per la humitat de les pedres de la vora.

El teu somriure em va fer viure una necessitat innata, una voluntat d'escoltar la teva veu més a sovint, una necessitat que fa que la teva companyia siga imprescindible per a un futur paisatge en el que tu i jo siguem part de la nit, siguem, per fi, un eco tènue continuat.

Continue somniant si et mire… No vull que sigues un mirall perdut. Vullc vore'm cada nit en les teves pupiles i celebrar-ho junts amb llitres de cervessa freda.

Vull millorar al teu costat. Vore't com mous el teu serreny quan et rius, com traus la llengüa si et fan una foto o tornar a sentir el salnitre als teus llavis.


Autor: Ricardo S.T.

domingo, 15 de agosto de 2010

Plaza.

Ponte en situación: Estrellas que se esconden tras las nubes que rompen la noche…
Una plaza empedrada y melodías etílicas correteando por las caderas de los espectadores.

Diez mil pensamientos cruzaban mi cabeza esperando a que se encendiera la chispa que desatara la noche.

Fiesta, guirnaldas de verano y brindis por la amistad y por el amor y sus fracasos.

Y entonces te veo entre la multitud. El aire no corre, la música se para. No hay grillos cantando ni nadie a mi lado. Solo está tu pelo, ondulado y suelto balanceándose, y tus ojos cansados, tus labios mojados.

Flotas cuando bailas, y lo haces en diapositivas mientras la música corre entre tus caderas y el alcohol fluye por tus venas.

Sombras y vaho a tu alrededor, miradas al cielo y suspiro al suelo, cuatro de la mañana.

Reacciono y la música golpea mis oídos, pestañeo y no puedo dejar de seguirte con la mirada. Me acerco a ti. Algo en mi pecho se tensa.

-¿Cómo estás?- Sonrisa.
Escucho el rumor de la gente mientras te beso en la mejilla. Adoro tu perfume. Te tengo otra vez cerca después de perderte a miles de kilómetros lejos de este continente.
-Nos vemos luego- Te digo.
-“Adiós”-respondes.

Te quiero… Me lo callo.

Y de tanto tensarse, lo del pecho se rompió.

09:30 de la mañana, el sol golpea en mi ventana mientras pienso en paisajes pasados, ritmos futuros, y tú a mi lado y muriendo de sueño.



Autor: Ricardo S.T.

lunes, 2 de agosto de 2010

Agosto para ti.

Sensación de presagios otra vez bajo nubes nocturnas. La consolidación de la soledad con tu recuerdo que provoca llanto y dolor.

Bajo la madrugada, el dolor se enrosca en mi garganta porque no puedo encontrar la parte afín que me completa, la parte que me haga conseguir poder olvidarte.

No puedo descansar, ni recostarme sobre la almohada, ni siquiera intentar seguir con la mirada a un grupo de gorriones que rompe el cielo naranja sin que tú me nubles, porque estás constantemente en mi cabeza.

Quiero poder conseguir que no me sufra el corazón cada vez que coincido contigo por la calle. Es entonces cuando pienso si cambiar de acera o saludarte, tentar a la suerte esperando respuesta. Ponerme enfrente tuyo mientras mil nervios sacuden mi espalda.
Preguntarte con boca cobarde cómo estás y soñar con un abrazo con el que poder resignarme y volver a rozar tu pelo. Quizás mojarte la camiseta con unas cuantas lágrimas y decirte que cualquier día de estos, de sol y Agosto, sería bueno tomarnos algo en cualquier garito. Tal vez estrechar pupilas y hacerte saber que quise ser eterno junto a ti.

Pero hay silencio y distancia si nos cruzamos. No hay ángeles que sacudan el cielo ni sueños terrenales que hagan que la ciudad se pare, que las aves dejen de volar y la calle se calle y deje de gritar… El mundo no se estremece ni se gira a mirar que estamos solos tú y yo, y nada más.

El viento tampoco se para. El aire no deja de correr. Seguiré esperando entre las veredas de mi persiana que la noche ambiente mi habitación. Seguiré escribiendo tendido y deshecho sobre la cama, esperando que el destino se despierte y te haga leer mis letras… Y te quedes pensando, quizás con la mirada perdida si al verme seguirás de frente o te detendrás a ver cómo afectan las estaciones a nuestro árbol, otra vez.

Quizás los días sigan siendo grises e iguales, llenos de calor que sobra y hojas verdes.
Quizás con el frío y las chaquetas llegue un temporal donde necesitemos algo de calor, ese que tanto echaremos de menos… Ese que tanto nos sobra ahora.

Y la Luna y las estrellas ya no dicen nada porque tú no estás a mi lado.


Autor: Ricardo S.T.

lunes, 28 de junio de 2010

Milana y la Luna.

Las Milanas te dejarán la vida de lado, azuleada y llena de llanto y rencor. Milana te enroscará con violencia todas las venas y arterias de tu cuerpo, amarrándolas con exacta lentitud a la mirada arrasadora que quema tus pupilas. Te abrasa las pestañas inflamando tus párpados. Araña tus labios, desgarra la carne con cada beso y te destroza por dentro.

Milana deshila tu camisa, te desabrocha el cinturón, se contonea entre el hueco de tu cintura, roza con su nariz y lengua todos los ecos de sensaciones de emociones… Hasta que te mutila el alma. Hasta que ves que su pelo rubio, moreno, castaño o pelirrojo besa las carnes de otro naufrago, muerde los momento de otro reloj y regala deseos por su boca azul.

Milana es jodida, nos matará toda la vida.

No te fíes de nuevo de la Luna, está encaminada a confundirse con Milana. La Luna te irradia, la Luna te machaca la laringe, crea vacío en tu garganta y te apuñala en el estómago, haciendo que quieras amar de nuevo a Milana. La Luna te susurra sensaciones al lado de Milana, te recuerda paisajes y suertes de otros tiempos, te recuerda como te cogía de la mano, o te besaba. Te recuerda cualquier suelo embarrado, cualquier vaho o cualquier veleta. Te recuerda cualquier pista de baile, te besa en el lóbulo de la oreja, silenciosamente te lleva hasta los ojos de Milana, azules y negros, verdes y oscuros, y hace que deslices tus dedos entre su cabello, huelas su perfume y te desmayes entre sus pantalones, rojos, y verdes.

La Luna te mata con cada recuerdo y consejo que te da. Te ofrece veneno a cambio de la muerte, no te deja elección. La Luna es la parte territorial de Milana. La Luna también es jodida, nos joderá toda la vida.

Pobres azuleados de nosotros, embaucados entre sus cueros o marcados por sus pantalones. Somos mercancía barata de oportunidades, somos víctimas de los atentados de Milana. Somos los que se han dejado engañar por la Luna.

Somos jodidos. Quiero olvidarte y estar contigo.


Autor: Ricardo S.T.

sábado, 26 de junio de 2010

Volviendo negro lo que corre por las venas.


Volviendo negro lo que corre por las venas, de Ricardo Semper Trilles.

La memoria biográfica dedicada a los amores hacia las diferentes ‘Milanas’ sigue una línea irregular de estados, sentimientos y emociones hasta llegar a un punto en el cual sabemos que no debemos mirar a la Luna, sino que hemos de seguir rompiendo los lazos que nos atan a nuestra Milana particular y descubrir dónde está nuestra salida emocional.

Disponible en Bubok.

sábado, 19 de junio de 2010

La Luna haciendo candela de día.

Ahora sé que debo sufrir a mi manera, porque necesito respirar, rompiendo cualquier motivo por el que estremecerme. Sin tener en cuenta cuando mi corazón se enrosca en mi pecho, sin hacer caso al vacio de mi garganta, punzante, ni a la luz que me desespera.

La vereda que resuena no para de gritar para encontrar mi destino. La luna haciéndome candela y mi piel activándose. Lucero que me llama a la locura rubia. Sigo estando vivo a pesar de desanimo, sigo enamorándome de ese brillo mágico tuyo que me hace vibrar. Y tus ojos son solo humo en mis pupilas. El infierno de la poca distancia que no puede retorcer la idea de condenarme por un beso.

Sensación de emoción si te noto a mi vera… Pero sin oportunidad de estar cerca de tus labios, de tus pecas, de tus estímulos que me provocan sin rechistar… De tu pelo, de tu espera haciéndome otra candela de deseos mientras la Luna me ilumina.

… Y al día siguiente te conviertes por deseo expreso de las estrellas en una de esas Milanas, una Milana más o menos rubia, que me arrancan la piel pero no puedo dejar de ver… En una de esas que se pasan su vida entera volviéndome negro lo que corre por las venas.



Autor: Ricardo S.T.

sábado, 1 de mayo de 2010

Ver tu nombre por mirar al cielo y descubrir la frialdad que le rodea.

Ver tu nombre por mirar al cielo y descubrir la frialdad que le rodea… Y no poder encontrar el significado, no poder buscar el porqué del dolor en mi garganta ni del frío que desprendo al acordarme de ti.

Ver tu nombre palpitando matices y estrellas que me hacen recordar como la mentalidad de la luna velaba por nuestro futuro, impaciente de besos, impaciente de ambientes idílicos llenos de perfección y bienestar a tu lado.

Párpados rendidos sobre mi pecho y la idea planificado de agotar nuestros cuerpos en el cielo de nuestra cama, con sensaciones de emociones palpables en nuestras caderas.

Verte mover de nuevo la cucharilla a conjunto con cafés y conversaciones que esperan estrellas nocturnas que vengan a cuidar de nosotros. Ver tus verdades enteras. Ver que no somos la copa rota ni la sangre que desprende la canción de nuestra vida.

Estremecerme al recordarte y querer olvidarte. Olvidarte y pensar que me equivocaba cuando prometí que seríamos eternos.
… Dejar de ver desde que supe que ya no me querías.

Abrir la ventana y escuchar el viento que susurra entre las rejas, las paredes, las hojas de los árboles, las miradas, los juegos, las mentiras, los besos… Cerrar la ventana y escuchar el ruido… El ruido del pasado. El ruido de tu risa. El ruido permanente de tu recuerdo.


Autor: Ricardo S.T.

domingo, 4 de abril de 2010

La luz que llora.

La luz que llora, reflejo interior buscado desde la armonía de la felicidad.

La tele apagada, mi cuerpo muriendo y sonando música. Un rostro delante de mi reflejo apagando la luz. Otros paisajes me atan un nudo en la garganta… Y no me atrevo a decir nada porque tus ojos, sin duda, son para mí… Aún tan cargados de oscuridad ni nostalgia.

Y ayer por la noche estabas como entonces, casi igual, pero había distancia, tiempo pasado y muchos errores que provocaban interrogantes de jóvenes promesas.
Ecos de susurros. Agárrate de mi mano, que tengo miedo del futuro.

¿Para qué levantarme mañana? Brillante y solar golpeando la vida, golpeando silencios y haciendo que se vea más tu ausencia.
Cerré los párpados, intentando que una brisa encogiera en mi mandíbula y se enroscó en tímidos llantos. Se erizó el vello y la piel se estremeció. Ya no grita el frío, ya no corre el viento, pero la cortina insiste en que otro movimiento sin inventar es posible, y baila… Y baila y sortea matices de color y motas de pasión unidas a los desarraigados victoriosos de una noche de ofrenda a la soledad.

Todas las madrugadas con sus horas y manijas recorriendo fueron pasadas dentro de mi cama, inundándome en el novel de la moral de nuestro sexo, sabiendo que ya nada justifica nuevas puertas ni delirios post-venta que hagan que se rompa nuestra hoja de reconciliación.

El espejo del baño grita por mis ojos rojos, levantados y conjuntados con cejas oscuras, latientes a ritmo de llanto y silencios.

Pupilas brillantes encima de la cama.
La mano izquierda sujetando mi cabeza, la derecha detalla todo aquello que mata. Caen gotas encima del papel.
Contorno púrpura absorbiendo el fin de la noche cuando resuenan y hacen vibrar las paredes de mi habitación las siete “ante meridiem”.

Hoy hemos llenado la copa rota, hemos abierto la puerta a situaciones peligrosas y no existían lluvias ni lunas a las que lamentarse.

Un bostezo ausente recorre la pared dedicando sueños a tus huellas.
Y afuera no hay dudas a las que rozar ni ventanas por las que verte y descubrir que tú también echas en falta que la primera reflejada solar venga con noticias reconciliantes mientras te tomas el desayuno.

Gotea la memoria si recuerdo cómo tu boca me provoca si me toca, me ríe o me destroza… Y hace sombra la tele encendida; compañía la manta en el sofá; Melancolía encendida… Las ganas de llorar.

Sonidos de noche con matiz marcado situando acciones en una cuenta atrás que provoca que nuestros cafés discutan por no coincidir en el color de la taza y todo eso sabiendo que aunque en el infierno, queremos que sea eterno.

Las letras sirven para dejar el frío de lado y que abrazos desaparecidos puedan cambiarse por el tinte negro de mi carbónico… Aunque no quede manchado de ti, aunque sepamos que sin verbo no hay acción, y sin acción no hay frase que cree adicción.

Quiero restar Febreros junto a ti, que no haya duda de mi continuidad vital durante todas las velas por apagar.
No sé cómo decirle al brillo mágico que alumbre nuestro camino, ni de qué forma decirte que me aprietes muy fuerte la mano y no me sueltes nunca.

Si se callase el frío tendría una excusa para abrir la ventana y que las cortinas pestañearan dando paso a lágrimas infinitas de viento. Si se callase el estruendo podríamos escuchar como caen los pecados en el cemento de la ciudad. Quizás, si se callasen todos esos murmullos de ojalás podríamos soplarnos en las heridas y comprender que somos iluminados por la luz de la diferencia.

Quizá, si se agrietase la luz de nuestra utopía podríamos hablar de nuestros abrazos, de nuestros párpados rozándose. Que tu voz rompa esta sordidez hablando de nuestro amor imperfecto.

Si pudiese abrir la ventana y dejar entrar sueños, quizás entenderías que nos queda la esperanza.
Y que somos eternos.


Autor: Ricardo S.T.

sábado, 27 de marzo de 2010

Puntos luminosos.

Porque la luz refleja sobre el escritorio. La cama por hacer y la medianoche pasada hacen que las letras quieran salir a bailar.

Tu recuerdo en mi almohada sigue intacto, esperando a que lo visites de nuevo. Y yo, cerrándole las puertas al pasillo veo como la oscuridad me invade, siento que llevo dentro la melancolía que existe en cada hueco que deja cada una de las estrellas que hay si provocas una mirada alta.

Una atracción uniforme recorre las estanterías, recorre cada partícula de sueño que viaja por mi cabeza; Viaja a través de las paredes, descubre los armarios y los cajones parpadean… Un pasillo de oscuridad innata rodea cada minuto de mi reloj.

Un paso hacia el pasillo y ya no hay vuelta atrás, nudo en la garganta, chapurreo de lágrimas en las pestañas y escalofrío en la espalda. Pongo la izquierda delante y doy otro paso. Caricias a mi alma, vello erizado y luces oscuras que pasan al revés del sentido común.

Mitad de camino, cilindro opaco de sensaciones que me aportan temblores al cuerpo y sollozos de incoherencia.
Paisaje ciego. Sin luz ni formas existentes. El color más oscuro crea un dominio superlativo, una superioridad dictatorial.

Incandescente negro me funde conforme avanzo. Mis pupilas se contraen al ver puntos blancos mezclándose entre sí. Pequeñas partículas omnipresentes en constante movimiento cruzándose por el vacío universal de mi pasillo.

Las luces se hipersensibilizan haciendo juego con mis sentimientos, abrazándose con mis emociones y salpicándome de calma.

Las luces se hiperactivan. Su estela es eterna y llega la primavera personal para cada una de ellas. Todo se llena de color sin luz. Son colores fluorescentes que han desterrado al blanco y se divierten contando pasiones.

Me acerco, estoy cerca del final del pasillo, lo sé porque las luces van a compás de mis palpitaciones. Dudo si las luces serán el todo o no serán nada. No sé si son luces.
Me acerco y las cogen forma. Se movilizan y mi vello desciende hasta rozar mi piel. Mi cuerpo levita entre densas caladas y gritos de silencio.

Quiero tocar las luces, pero no puedo… No son luces. Cada punto se alinea para formar un espectáculo floral que hace emanar vitalidad y una compasión mortal. Cada punto de luz es una flor. Hay de todos los colores, blanco, verde, amarillo. Es una fiesta multisensioral.

Elijo una rosa, elijo un color, el blanco. Me recuerda a ti, me recuerda a mí. La rosa blanca hace que mi sábana recuerde la sinfonía de amor que rodeaba nuestros cuerpos prietos.

Sus pétalos son aterciopelados, flexibles. La rosa se abre y se cierra cada segundo. La rosa me invita a bailar y consigo raptarla para llevársela a mi corazón.

Vuelvo atrás, las flores son puntos de colores, y éstos, con los pasos, son puntos inertes.

Abro la puerta de mi habitación, veo que el Sol ha amanecido antes solo para anochecer más pronto. Cae el Sol, cae la Luna, cae la oscuridad y con ella, la luz. Cae mi mundo… Pero yo me acuesto, quiero soñar. Me giro y de repente te puedo besar. Mi almohada nos felicita.

… Quizá mañana ponga una luz en mitad del pasillo.



Autor: Ricardo S.T.

lunes, 22 de febrero de 2010

Disfrutando de la oscuridad que hay entre las sábanas.

Disfrutando de la oscuridad que hay entre las sábanas, viviendo una realidad alternativa con unas características relativas. Estaba soñando que soñaba y no despertaba si no era a tu lado.

Oigo que me muevo y siento que te llevo dentro. Terminé el día cuan la flor se abre y se lava la cara. Terminé la noche pensando que te echaba de menos.

Una presión me despertó. Pálpito. Me giré… Tu figura. Creí que los sueños aun jugaban conmigo. Nada más lejos de la realidad, me desperté soñando. Sonrisa, vente a mi cama. Beso. No lo puedo creer.

Quédate a vivir un millón de años entre las dunas de mi cama. Nos enroscaremos eternamente y bajaremos la persiana. La reflejada solar no existirá para nosotros y renaceremos existiendo entre las estrellas, los cruces, las puertas, las luces.

Tu río moreno resbala por mis dedos. Tu calma me altera. Te sobra el suéter.
Recorro tu cintura con exquisito interés sabiendo que nos dejaremos llevar cogiendo las riendas de nuestra rebelión emocional mientras subo tu camisa. El instante, el ambiente, nuestro presente… Estoy impaciente.

No me importa nada mientras estés en mi cama aunque la que sale del Este golpee la ventana a las tres de la tarde. Para mí estamos de Luna llena esquivando las estrellas y moviéndonos por la silueta de nuestra voz.

Besos en círculo, se estropea el reloj. Apriétame bien la mano, que ya no veo. Las hojas del calendario se queman. Tu cadera insiste: “Sácame a bailar”; Rózame el alma, lléname de besos, líbrame de rezos; Alma rota, no queda ropa; Sabemos lo que siento porque vivimos el momento. Sabemos lo que sientes porque disfrutamos los instantes.
Miramos el edredón y preguntamos decisiones al termómetro.

Cinco de la tarde, no vemos la distancia, tu cuello arde, llegamos a la esencia.
Clavas las uñas, miras tus párpados, las caderas juntas… Llevamos horas sin estar parados. Jamás querremos estar separados; quedamos atontados, nos aprendemos todos nuestros lados.

Siete de la tarde, tu ombligo persiste: “Invítame a amar”. Tu mano, mi brazo, la sábana, me cubres, me abrazas, te enroscas en mi regazo.
Me besas. Sueño, almohada.

Nueves de la mañana. Te espero en mi cama. Hoy no vienes, hoy no hay revolución.

Miro la manija de mi puerta, hoy no se gira para darte paso. Miro mi cama, hoy es demasiado grande… Si no es a tus ojos dejo de mirar… Porque tus ojos no son de este mundo.

Tres y media de la tarde. Mi corazón insiste, me dice que te tengo que llamar.

… Y es que, ya no sé vivir sin ti.



Autor: Ricardo S.T.



Próximamente saldrá a la venta la primera publicación que recogerá algunas de las mejores novelas escritas por Ricardo Semper Trilles. Una recopilación que estará en breve en el mercado online y en tiendas físicas.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

El árbol.

… Y… Él se encontraba quizás con el rumor de las hojas de Octubre cayendo sobre sus hombros, mirando al cielo y sintiendo el fresco que acuchillaba su cara al son de lluvias que no llegaban.

El árbol amarillentaba sus hojas y olvidaba el calor y su metamorfosis de meses y temporadas atrás. El árbol se moría por su primavera.

El proceso era el propio y el pensado en rigor de lo sucedido. El llanto desconsolado provocado por el proceso caducifolio solo hacía que agonizar la corteza circundante.

El árbol aceptó su condición de caducifolio y pensó que le quedaban los pétalos de las flores de debajo de su tronco. Las flores eran unas vistosas, de pétalo asimétrico pero de nulo aroma, su fotosíntesis nunca llegaba y eso hacía que el árbol las marchitara pensando en su amada luz, esa tan clara y solar.

Esa luz le había rozado sus hojitas mucho tiempo atrás… Le visitó en primaveras florales y en áridos veranos donde el árbol notaba como el calor hacía que la luz le quemase.

El árbol crecía rozando y haciendo caso omiso a los que venían a cortar sus ramas, a podarlo. Los podadores decían que si no se le podaban las ramas secas, cuando llegara el invierno el árbol no podría aguantar ni tanto peso ni hacer frente a tanta energía sávica necesaria. Pero el árbol crecía y se estiraba en busca de la reflejada solar arriesgando sus apuestas.

Pasaron los días y “la brillante” desapareció, cambiándose por nubarrones que olían a gris. Las hojas empezaron a caer mientras los arbustos al moverse soplaban vientos. Un olor a humedad invadía el bosque. Las plantas se refugiaban como ancianos encorvados mientras el árbol esperaba a sabiendas de que la luz había dejado paso a la sombra inerte de la guadaña.

El árbol soportó vientos y lluvia, vivía con el pasado al frente y el futuro eternamente amarrado al presente.

Los frutos del resto de los vegetales ya eran grises y amargos. Los de nuestro árbol no, aún conservaban el tinte de tus labios, el sabor de tu piel…

Se notaba en el ambiente sensaciones de cambio.

Los árboles ya le habían hecho un camino a Caperucita, llena de la luz y color. El lobo acechaba oliendo a Noviembre. Nuestro árbol débil, sin corteza externa, conservaba sus hojas, cabizbajas parecía que la tierra les llamaba a gritos.

El cuarteto de cuerda de la B.S.O. de aquel día se unió con el viento reinante y acordaron que escribían una canción con rasgos melancólicos que hiciese mirar al cielo, y descubrir una estrella…

Su música triste se llenó de color.

Las hijas recobraron vivacidad y vibraron saludando de nuevo al sol. El árbol se dejó regar para sentir las partículas líquidas moviéndose por sus rugosas capas y sabiendo que tenía que crecer más; tenía que tocar el corazón de la luz. Y creció, y lo tocó a la luz de la luna de un Noviembre precioso.

Todos se habían dado cuenta menos nuestro árbol…
Nos entristecimos con su proceso caducifolio sin habernos dado cuenta de que nuestra hoja ha sido, es y será siempre perenne, siempre junto a su amada luz solar.

Con esto llegó el invierno. Chaquetas que se atan tan preciosamente son regaladas por Navidad y Diciembre coge cierto toque mágico, tanto que el árbol y la luz decidieron dejar de contar estaciones y meses y empezar a contar por años.


Autor: Ricardo S.T.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Un ambiente gris y húmedo. Y flores. Y mantas.

Un ambiente gris y húmedo. Cerca de las nubes dada la altura y con pestañas aun abriéndose.
Por las ranuras de la persiana todavía no se filtran los rayos de sol y ya se nota una sensación de periódico y café.

La ciudad se despierta y nosotros echamos vapor por la boca a la vez que nos acurrucamos en el banco de madera con detalles negros. Delante una mesita con dos cafés, uno con sacarina y unas galletas que no probamos.

Medimos con delicadeza el trocito de manta que nos toca a cada uno. Una manta que por la noche picaba y por la mañana salvaba.
Te cojo de la mano por debajo de la manta de cuadros y me miras. Te sonrío y los dos juntamos nuestras frentes sabiendo que aquella imagen es la que queremos, esta imagen llena de flores, terrazas, cafeterías abriéndose y lecturas de entrevistas de “El País” es un detalle que queremos en nuestro futuro.

Tu casa, mi casa, la nuestra.

Mientras, apoyo mi pie en un tronco hecho a medida y dejo que mi café se enfríe un poco. Veo que cierras los ojos y suspiras levantando la cabeza. Tú sonríes.
Hago lo mismo, suspirando aun más fuerte y el aire fresco me recorre de arriba abajo el cuerpo desde las alturas; un cuerpo que esa noche vibró y soñó.
Brillabas haciéndome sudar y notando como éramos uno, como ya no había distancia entre tú y yo, que nuestra respiración y movimientos iban a compás del viento y el frío hacía calentarnos aún más.

Acercamos nuestras caras, nos miramos con los ojos cerrados, sintiéndonos y derrochando abrazos y besos. Te retiro el pelo de tu cara y te mojas los labios. Parpadeas y haces que me olvide del exterior y provocas que me caiga por el acantilado de tu ombligo.

Bailas y me amas con modelito de seda negra y pestañas embellezadas.

Todos los caminos que tomo me llevan hacia tus caderas y me deslizo por tu cuello y por mis sentimientos. Ahora todo vale, ahora volamos, ahora estamos tú y yo te estremeces y se te eriza la piel. Una presión hace que se me contraiga la espalda y me siento total y absolutamente en tus manos y a tu parecer. Nos miramos, las ondulaciones de tu pelo se funden en tu mirada, mis ojos sonriendo en tu cara, la noche, las luces del recibidor, la calefacción al máximo, tu boca, mi cuello, tus besos, mi cuerpo. Llegamos al clímax. Suspense embriagador de emociones llenas de éxtasis... Apoyas tu brazo en mi regazo y te deslizas a mi lado.

Soñamos y acto seguido nos amamos.
Rozándonos. Queriéndonos. Para siempre.


Autor: Ricardo S.T.

domingo, 25 de octubre de 2009

Trescientos sesenta y cinco días.

Y llegó la noche. Noche en la que ciertas cosas no han pasado como pensaba y otras tantas no estaban pensadas como quería…

Estabas de nuevo, tú, tú, tú y también tú. Movimientos escandalosos para mis sentidos te rodeaban y quizá el leve contoneo de tus pendientes al vibrar hizo que solo me fijara en un punto de entre miles de personas, en el único punto con el que soñé y sufrí. Ese punto eres tú, y tú y tú y también tú…

Ya no es lo mismo, intenté batir el velo que te separó de mí demasiadas veces antes de esta noche y siempre con el mismo esperanzador a la vez que fatal resultado. Hoy no, hoy hacía trescientos sesenta y pico días que fui feliz.

A día de hoy ya no te sirven (ni me sirven) las miradas, los reflejos, las sonrisas y el sentir de nuevo tu piel cerca. Ya no me sirve tenerte demasiado cerca como para olvidarme de todos menos de ti puesto que ya sé donde está el final de tu camino.

No soy yo la silueta que hay esperándote al borde de tu camino. Al borde del mío si hay una silueta y juré que era la tuya.

Tan cerca del amanecer y aun planteándome la noche de demasiadas maneras…
Esta noche es atrevida, esta noche es novedosa y colocadora de un cierto caché al portador de sus emociones. Esta noche ha determinado muchos matices donde la música hacía vibrar y gritar al son de besos dibujados y labios cerrados.
Esta noche no tiene tu nombre escrito como lo tenía el sol del día, esta noche tu nombre ha pasado de tener “x” letras a tener 365 días acarreados.

Ya no dependo de esos días que ahora te has llevado contigo, ya no me hacen falta, voy más ligero, cómodo y despreocupado…

… Y no podría estar más destrozado que al querer olvidarte, estar contigo e intentar no recordarte, tanto a ti, como a ti, a ti y también a ti.


Autor: Ricardo S.T.

martes, 13 de octubre de 2009

Avenida.

Y sigo aquí, bajo la luz de mi lámpara que hace que la silueta de la taza se refleje contra la pared, justo al lado del despertador… Y qué pena que mire la hora y sean las tres de la madrugada y tú no estés a mi lado.

Hoy he echado la vista atrás y te he recordado como me gusta recordarte, brillante y guapa sonriéndome, abrazándome desde la cintura y mirándome como lo hacías hasta culminar con un beso que ahora, si intento recordar, solo noto un sabor que me amarga.
Recuerdo tu delicadeza y tu versatilidad al moverte, al bailar usando tus caderas con vitalidad y haciendo que deseara que me siguieras manchando de carmín mis labios.

Ahora te mancho yo, pero con el tinte de mis letras, te marco y te pido que mires mis ojos mientras te dibujo y espero que recuerdes momentos mejores y que con ellos ates unos minutos de tu vida y te dejes llevar como lo hacías cuando yo estaba cerca.

Te escribo recordándote que agachabas la cabeza y me mirabas de esa forma tan pícara mientras te acercabas y me susurrabas tus cosas al oído.
Te veo y pienso en mi mano deslizándose por tu pelo y la tuya acariciándome la cara, y yo con el bello de punta y tú pestañeándome cerca, tanto que el aleteo de tus pestañas me embriagaba junto a tu perfume, ese que ya no olvidaré y que sigo notando si estas cerca.

Te veo y pienso en situaciones y elecciones, en verdades y en mentiras…

Qué pena que mire el reloj y marque algunos minutos más de sueño robado. Me asomo a la ventana y no veo a nadie, solo a esa calle con la que soñé ir acompañado de ti, contando anécdotas… Pero ayer volví a ir solo, de madrugada… Como todas las noches… Solo y mirando la acera, cada recuadro y cada línea matizada de asfalto que se junta con el arcén de la carretera, vuelvo a ir solo y pesando en lo anterior, en el pasado, en días atrás, quizás en meses.

Vuelvo solo entre palmeras y edificios, ruedas de coche y semáforos que se ponen en verde.
Veo de lejos el final del camino, tendré que girar a la izquierda dejando atrás esta avenida. Avenida en la que te he soñado muchas veces, avenida en la que se junta el frio y los corazones calientes.

Sigo andando y ahora hago crujir la espalda y se oye un grillo en un árbol rompiendo el silencio que simboliza esta calle… Se calla tras mis pasos y lo dejo atrás.

Parpadea la luz del semáforo y veo que, como ella, una sí y una no, sigo solo, sin ninguna figura verde que me indique que puedo seguir adelante.

Estoy llegando y sigo con la mirada agachada mirando mis pasos. Por fin algo rompe la monotonía: un coche con dos asientos ocupados, con un asiento que hace compañía al volante.

Necesito que te vuelvas e intentes recordar malos vicios y risas, chaquetas y besos.

Qué pena que ahora mire el reloj y la madrugada sea la única acompañante que me vea y me escuche, la única acompañante que sepa que quiero olvidarte y estar contigo.



Autor: Ricardo S.T.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Entre nuestros rincones.

Y hoy, ahora, miro todos los lados de mi habitación y me entretengo en los rincones con la mirada fija, perdida e intensa…

Miro el reloj y veo que son casi las doce de la noche y agito la cabeza en señal de desaprobación al verte abrazada a matices que no son los míos. Miro recuerdos y empiezo a recordarlos más profundamente, siento tus colores y tus ojos y labios sonriendo en mi cara, veo como pasan las luces al revés desde mi ventana y sigo recordando situaciones.

Sigo sentando y viendo resúmenes de mi vida en forma de fotografías, instantes de memoria y recordatorios de sentimientos y emociones.
Me reincorporo a la silla y veo mis dedos intentando destripar mi corazón a base de letras y movimientos… Es demasiado difícil conocer las palabras necesarias para describirte a ti, a mí, a tus momentos, a los míos… A nuestros momentos… A vuestros momentos.

Sigo mirando a los rincones de mi habitación intentando leer mis pupilas, sigo sin pestañear y mi cabeza está hundida en los recuerdos y emociones que nos hicimos para la eternidad… Me duelen los sentimientos y hago “así” con los hombros mientras me cruje la espalda. Levanto la cabeza y cierro los ojos, suspiro y no puedo sacarte de mi cabeza.

Han pasado los días, muchos, también meses… Incluso cuento alrededor de un año y sigo viéndote a mi lado, sonriendo y diciendo lo que piensas, sigo sintiendo ese aroma que desprendías mientras te acercabas y me cogías de la cintura. Sigo sintiendo esa emoción que tuve por verte, por verte y buscar entre los dos cualquier rincón sin luz donde los besos sonaran en el eco y te pedía que te agarraras de mi mano y no me soltaras en ningún futuro.

Quiero que deslices tu pelo entre mis dedos, que pongas mi piel en tu corazón y tu corazón en el mío, me gustaría volver a aquella escena, rodeados de chaquetas y luces, calles y altura. Me encantaría poder decirte otra vez como me siento si estás cerca. Me gustaría decirte que quiero quererte y revivir de nuevo el cuento que me he estado contando cada noche desde que te alejaste de mi cuerpo.

Veo el reloj y es de madrugada, es hora de irme, soñaré contigo, soñaré conmigo y quizás me despierte y todo esto sea un sueño y abra los ojos y estés tú, esperándome sonriendo y haciéndome señas para que me acerque para abrazarme fuerte, tanto que me entren escalofríos de alegría como el que estoy sintiendo ahora mismo.



Autor: Ricardo S.T.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Corazón de color café.

Mi corazón se acelera y estoy deseando que se pare, me cae el café mojándome los pies cuando me dices tus noticias, cuando me dices tus decisiones… Cuando decides dejar mi vida al azar y hacer que me desprecia cada vez más.

Mi corazón se cae y se hunde, recuerdo palabras y vaho, frases y maletas, te recuerdo y no veo mi vida sin ti, no veo un segundo sin tus manos ni tu risa, no me veo si no estoy a tu lado.

Vuelvo a recordar paisajes y memorias, como te miro y te escucho, tu sonrisa formándose en tus labios mientras me cuentas tus cosas, tus caderas llenándose de emociones y matices que hacen suturar mi corazón.
Sensaciones nerviosas y punzantes me recorren el cuerpo pensándote, sabiendo que ya nada justifica nuevas promesas, sabiendo que te quiero y que no quiero nada más, sabiendo que no te puedo esperar más y viendo como se me ahoga el alma.

Recuerdo tus pantalones, recuerdo tus camisetas, recuerdo tu chaqueta olvidada junto a mi vida, recuerdo mi mano sobre la tuya y mis ojos sobre los tuyos machacando nuestros cuerpos a base de amor. Necesito tus labios, necesito tus besos, necesito tu corazón y tus palabras, necesito tu actividad, necesito poder llorarte y rozar tus lagrimas, necesito balancearme sobre tus sentidos, repasar uno por uno tus movimientos y sentirlos con tanta fuerza que se me rompa el corazón…

Cae la noche y mi café sigue ahí, tirado, quizás mojado por unas heridas que me quedan de hace unos minutos.

No puedo creer que esté muerto, aquí tirado y rozando la sutileza de mis pensamientos con el suelo.

Aprieto mis ojos y me salen las lagrimas de manera temblorosa recordando como temblaba tu pierna cuando estabas cerca de mí… Y como temblaba yo por dentro cuando mi vista te alcanzaba.


No hay duda de que eres la chica de mi vida, eres la chica que amo, que me he dado cuenta tarde que eres la chica que puede decidir mi presente y mi futuro, la chica que me mueve, que me estremece, que me hizo brillar y vibrar como ninguna, que supo enseñarme a hacerme mayor, la chica que me enseñó sentimientos.


No puedo evitar pisar de nuevo el café arrojado, sigue ahí la mancha, se secará y quizás no quedara impregnado nunca su olor, pero el sabor persistirá en mis labios, en los tuyos…

Aprieto de nuevo los ojos y las lagrimas ya no tiemblan, simplemente también lloran, aprieto los labios y el agujero de mi garganta empieza a doler y a crear vacío.
Quiero besarte entera, rozar mis labios con tu piel y abrazarte como nunca te he demostrado que sé hacerlo.

Quiero quererte, quiero amarte y quiero rodearte con mis palabras.
Quiero embellecerme si estás a mi lado, quiero balancearme junto a tus matices, quiero apretar los ojos y que sea porque me los cierras tú, quiero llorar de pasión como me demostraste que se podía.

Cae la madrugada y sigo con mi pié derecho mojado, el color del calcetín ya no retornará nunca, estiro las piernas y hago “así” con los hombros, crujen e intento asimilar que mi corazón lo ha hecho mucho antes. Veo a mi alrededor y hay recuerdos, pero no estás tú, veo mi cama y te veo ahí, mirando el paisaje y sintiendo tu cuerpo, te veo fumando en mi balcón y yo frio y abrazado en tu regazo.

Te veo con bromas y ceños fruncidos, te veo entre cafés y cervezas entre asientos y metáforas. Sigo viéndote.
Quiero hacerte ver lo que yo no supe mostrar, quiero volver a cogerte la cara para rodearte con besos. Quiero tener lo que siempre he querido.

No quiero perder mi vida, no quiero perderte.


Caen los minutos y el café se seca, no hay servilletas en el royo de papel y solo quiero que pasen las horas para buscarte y encontrarte, para hablarte y pedirte que me hagas feliz.



Autor: Ricardo S.T.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Aros.

Y ahora, mientras las penas las va absorbiendo mi cafetera y veo como toda la noche y todos sus paisajes se quedan ahí fuera, justo detrás de mi ventana, pienso en tus aros, pienso en tus plateados y brillantes aros. Pendientes grises metalizados que crean una espiral de recuerdos.

Veo tus aros y veo tu imagen, veo tus labios y veo la mía.
Aros… me estremecí después de mucho tiempo sin verlos. Estabas sentada, apartándote el pelo detrás de la oreja esperando a que una brisa te refrescara.

Las puntas de tus cabellos rozaron tus aros, infinitos bucles de emociones que muestran tus matices…

Sueño con tus aros, sueño con tu complemento perfecto, te sueño.

Cuando cae la tarde busco verte, como cada día desde hace dos primaveras. Yo salía de casa, arreglado y puntual. Buscaba un entretenimiento y una excusa para besarte si te veía y seguir la estela de mi cometa fugaz.
Te veía y pensaba en ti, en tus aros, en tus labios, en tu pelo, en tu arena, en tu reflejo, en ti y en mí.

De eso no te quedaste ningún recuerdo, quizás una leve herida que condiciona tu carácter.
Mantengo la esperanza de que tu cariño quede guardado en algún lado, quizás cerca de ti, quizás en tus aros.

Y entre los aros de tus pendientes me perdí, me volví gris metalizado al son de besos y noticias tuyas y ya no hubo cartas de amor, no hubo día de viaje al mar, no me devolverán mis veranos perdidos y espero verte pronto salir de tu casa desde mi balcón, desde nuestras nubes y que conserves, aunque dure poco su significado, tus aros… Esos que me envolvieron en cierto momento nocturno.


Autor: Ricardo S.T.



PD: Va dedicado a ti, y espero que lo sepas... Pero también va dedicado a todos aquellos que se aburren diciendo tonterías que hacen menospreciar el trabajo y la ilusión que puedo poner a mis letras.

domingo, 16 de agosto de 2009

El amor es el castigo que se le impone a quien no sabe estar solo.

Y ahora, justo ahora y hoy mientras la azulada luz de la mañana de domingo entra por las ranuras de mi persiana comprendo que el amor es el castigo que se le impone a quien no sabe estar solo, no hay duda.

El amor y sus drugos, el amor que me saluda con dos besos en la mejilla y cabellos rubios que me rozan. El amor que se despide con falsas promesas y una sonrisa rosada. El amor se despide con ojos azules.

El amor no se siente, se padece. Te has convertido en algo tan necesario para vivir que me mata, te has convertido en mi velocidad, en mi veneno, en mi curación.

Y así siguen pasando los minutos, por las bocas de mi persiana entra ahora luz naranja. De verdad, aún esperaré.
Y allí te encontré mientras alguien me contó que quizás tú no me echabas de menos.

No vestías de azul sueño, tus labios no se volvieron más rosados de lo que acostumbras para lanzarme un lazo en palabras como en sueños y épocas anteriores.
Te despediste y toda tu luz fue devorada por arenas de playa y música electrónica. Era mucho más, estabas en tu éxtasis, estabas en tu auge, estabas tan… preciosa.

“No sé qué será de mí”, pensé cuando vi que decidías no venir conmigo. Te volviste junto a una mezcla de abrazo engañoso y besos demasiado lejos de las comisuras, te miré para verte de espaldas alejándote una vez más de mí, te miré y recordé que me hubiera gustado desafiar al amor y buscarte como me buscaste, y mirarte como me mirabas, y besarte como te besaba…

Mi móvil no suena ni marca tu nombre, mis ojos no pueden perderte de vista. Se han quedado otra vez en un suelo demasiado pisado… Otra vez te tuve cerca, tanto que pensé que sería feliz, tanto que dejé de escuchar mi corazón para sentir el tuyo… Tanto que me muero si te separas. Y te separaste.

Me contaste que llevabas muchos días encerrada en aquellos pensamientos. Yo te obsequié con tranquilidad a cambio. Sé que me dirás… Solo busco que me lo digas. Quiero oírte, quiero empaparme de nuevo en tu voz. Necesito y quiero estar contigo.

Solo buscaba una pista que me ayudara a encontrar la luz que se quedó en tus ojos, y me entretenía viendo que, como en aquel Otoño, yo seguía pareciendo una hoja cayendo al compás de tus olas.

Otoño rubio, Otoño azulado, Otoño, vuelve para mostrarme como el humo de tus cigarros temblaban en tus ojos, vuelve para recordar pantalones rojos, verdes, azules, vuelve para recordar el cabello recogido, suelto, encima de mi cara.

Vuelve, que te quiero amar.

Da igual que sea en un suelo embarrado o al lado de la arena. Da igual que sea en muros estudiantiles o en Requena. Me da igual mientras estés tú.

Y aún sabiendo el final de la película compraría otras dos entradas en taquilla. Sé que una se malgastará.

¿Te apetece una película o mejor me marcho? Mi persiana dice que hoy es siempre… Todavía y que el verano está inacabado.

Mi cabeza solo puede recordarte. Mi corazón... Éste no dice ya nada.


Autor: Ricardo S.T.

miércoles, 22 de julio de 2009

Atrapado en tu azul en una tarde de Julio.

Tarde de verano con persiana bajada, tarde de Julio en la que subes un escalón, hasta mi cabeza.

Tarde de Julio en la que pienso en lo afortunado que es el que siente y lo desafortunado que es el que padece por sentir.
Con esto me pregunto cómo sería esta tarde de Julio en la que la temperatura se eleva y tú apareces, como cada día por mi mente si no sintiera nada, si se desvanecieran mis sentimientos y con ellos los recuerdos, las fotos, las letras… Los besos.

Me pongo a pensar y dudo.
Me pongo a dudar y saco conclusiones en las que las emociones no tienen lugar y los sentimientos son ceniza.

Se siente y se sufre… ¿O se sufre y se siente? Es difícil describir mi situación.
Me acuerdo demasiado de cómo hacías vibrar, me acuerdo demasiado de aquellas mañanas entre muros estudiantiles…

Me acuerdo que te veía, y solo te veía a ti, y sentía, y solo te sentía a ti, y te quería… y te quiero.

En momentos duros me replanteo qué es el amor llevándolo a temas irónicos en los que solo se sufre por él y ves como tu chica va siguiendo su camino mientras tú caes y te llevas contigo tu maltrecho corazón.

En momentos rosas veo como el amor se toma con un sentido pasional, en el que si no estás con la otra parte de ti no eres nadie… Exactamente igual que cuando se sufre.

No quiero desmontar el amor, no quiero decir que sin sentir no se sufre, no quiero decir que amar es sufrir.

Quiero decir que sufro, que te quiero y te veo pasar quizás en sueños por aceras diferentes a la mía, veo como no me dices te quiero y sufro, y siento.
Veo como vuelves a jugar con tus labios al compás de tus ojos, desprendes melodías que hacen sentir… Sentir y sufrir.

Quiero quererte y quiero olvidarte para no sufrir. No te olvido porque sufro. Sufro porque te quiero.

No te olvido.

Tarde de Verano con la persiana bajada, hoy no quiero que entren los rayos uva, ni violeta, ni gamma.

Hoy solo quiero sufrir y sentir que te quiero.
Que te quiero y sufro…

Pero te quiero.


Autor: Ricardo S.T.

miércoles, 1 de julio de 2009

Luces tenues ya han perdido sentido y valor.

Y quizás ahora cuando luces tenues ya han perdido sentido y valor es cuando reacciono e implico mis emociones dentro de mis sensaciones.
Quizás ahora que miro alrededor y no tengo una caricia es cuando pido a tu cintura que se acuerde un poquito de mí.

Sigo pensando como temblaba el humo de mil cigarros en tus pupilas, como se enredaba el gris mercurio de aquella temporada en tus párpados.
Sigues teniendo un hueco a mi alrededor, sigo llorándole al espejo intentando volcarme en mí mismo, buscando sentido a mi cuerpo lejos del tuyo.

Sigo siendo aquel tipo que intentó llegar a la mitad de tu equilibrio y resbalé por el acantilado de tu ombligo.

Quizás te hubiera gustado empaparte de mil noches en las que solo el sereno nos encontraría amarrados a nuestros corazones.
Quizás yo siga soñando con volverte a ver sobre aquella pista, bailando y dejando que emociones se intensificaran al son de matices colorados recordando lunas y arenas, vaho y suelos embarrados, recordando promesas encantadas esperando a ser cumplidas.

En su día nos despedimos, nos rozamos las caras sabiendo que ya nada justificaría nuevos detalles, sin saber que nuestro "tocado" corazón perdió sueños, caricias y pieles perfumadas, comisuras e interés.

Me enredaste en tu sabor, hiciste que vibrara con solo el roce de tu dedo en mi espalda, con solo ver de reojo tu brazo en mi regazo y acercándote, estando a mi lado.

Te fuiste y te diste una vuelta por mi vida, llegaste y dejaste una huella a la que quiero olvidar al mismo tiempo que quiero volver a besar. Quiero vivir en tus labios, besar tus caderas y fallecer en tus ojos, esos que me inundan tan fácilmente.



Autor: Ricardo S.T.

martes, 2 de junio de 2009

Besos dedicados.

Y no sé cómo explicar esa tremenda sensación entre pecho espalda, no sé como detallar esa “presión blanda” que se avalancha por mi garganta haciendo que solo piense en esa noche que fue cumplida porque pedí el deseo de una noche donde viernes y sábado se unían noctámbulamente dentro de corazones entre abiertos y una sensación de calor que inundaba mi cuerpo.

Era noche de mayo y las emociones se dejaban llevar por transiciones acordadas, por palabras afectuosas y quizás un bonito mundo mejor. Así pasaron los minutos y las copas, y rodeados de caché y sudor me miraste así tan duro, como siempre.
Nos acercamos y nos rozamos las caras sabiendo que ya nada justificaría batallas perdidas, que nuestro corazón tomaba un cierto tono rosado y cariñoso esa noche y se llenó de nervios.

Te miré e imaginé, te hablé y soñé… Después de besarte no olvido tus ojos, alargados y brillantes, grandes y felinos donde poder inundarme en un mar de ginebra, quizás encontrar en tu cuerpo una playa en la que encallar.


Deslizándome por tu cadera, llegando y dejándome caer por el acantilado de tu ombligo me vi dibujando curvas y sensaciones. Intensificaciones de piel hacían que me erizara, veía tus besos, sentía tus labios y veía que seguías a mi lado, tu brazo por fin rodeándome y mi mano uniéndose a tu piel.
Cierro los ojos y todavía te veo a una distancia mínima, intentado raptar tus labios para el futuro.

Tu calma, caricias y la respiración se tuteaban, sin dejar espacio a la luz ni al aire. Te rocé, te sentí y te besé.

Te volvería a rozar, quiero sentirte, quiero buscarte y te encontraré.
Y ahora tú besas el aire que besa mi cara, ahora tú, chica de cuero, bailas al son de presentes y haces que yo me retuerza en pasados. Ahora que los días se alargan más intento pensar en otras futuras conversaciones donde te de besos de terceros y te dedique otros, más emocionales, de mi parte.

Y quizás, con luces, sepa como volver a ese viernes de mayo… Donde la noche y el día se unieron en mitad de dos intensidades, en mitad de dos cuerpos.


Autor: Ricardo S.T.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Espero por quemarme pensando en tu sonrisa.

Él siempre soñaba en volar y amar mientras disfrutaba, desde la distancia, de los ojos de ella. Él deseaba que le volvieran a azulear sus emociones.

Mientras, él, recostado en su mesa y viendo la rosada sonrisa de su pasada chica, hacía como que escuchaba en 2º plano los teoremas y funciones.
Sonaba la campana y ella sacaba orgullo y fuerza. Estaba tan jodida y radiante que culpaba a su carbónico de su presente comida de cabeza.

Una de las últimas rubias de él ya no le miraba como antes, ya no veía en él las ganas de volar hasta donde las puertas aún están abiertas, donde la muerte no fuera un fin y vivir fuera feliz.

Ella volvía con sus tirantes morado, sus sensuales formas y su boca azul, rodeada de una camisa de rayas que coloreaban su cintura, rozada y rodeada por una sutil costura que provocaba excitación al mezclarse con tintes naturales rubios.

Él huía de espejismos y olas de mar. Él la volvía a mirar y pensaba que cualquier día llegaría el día, ese momento comparable a la llegada a la cima de la piedra que Sisifu empujaba…

Él quería besarla, quemarse pensando en su sonrisa y bajar los telones morados en una unión de intensificaciones sensuales.
Sus manos, su cara, sus ojos sonriendo en mi cara, su calma, su sonrisa, mi respiración… Sin nubes en el cielo y buscando inspiración.

Él se movió por sentimientos y deseos. Por más que siguiera haciéndole caso a la necesidad no paraba de recordar.

Quizás tenga que esperar a que las barreras de su pensamiento se ahogues en un cubata para que pueda coger las riendas de su rebelión subiendo su camisa…
Quizás deje de verla y miles de pájaros salgan de la cabeza de él, quizás un día él desaparezca, ella se recordará de cómo juntaba letras.

A él no le encontrarán, solo verán rubios y azulados pájaros volando cuando recuerdos melancólicos lo llamen.
Solo se recordarán sus letras… Solo sus labios, solos sus oídos, sola su voz.

Y éste es mi yo. Mi historia.

Embobado miro el sol que acaricié… Ella, con el ruido, no lo quiso ver.
Y el impulso de oír de nuevo tu voz, aun teniéndola permanentemente en mi cabeza y en la silla de al lado, ha hecho que venga aquí, después de salir volando por los recuerdos de aquel octubre.

Los colores de tu vestido besan la cintura que roza tu vaquero. Un instante de insistente paciencia que sigilosamente se resvala por los nervios de ver como vacías los andenes de mi interior, se resvala por ver el futuro al frente de música triste llena de color de recuerdos que sueñan que vuelan hacia aquel suelo embarrado… No tengo donde ir, así que iré a cualquier lugar.

Con tus ojos perdieron el sentido estas letras… Con tus labios lo perdí yo.
Ya no creo en la paciencia, creo que ya no me entiendo.
Creo en los actos, creo en el pensamiento, creo en el acercamiento. Me gustaría ir ciego buscando tu salida sabiendo que miras, pero dejé de ver la luz entre las ramas cuando tus ojos dejaron de cantarme y dejaste de poseer poesía, de caminar mientras componías amor.

Sientes lo que expreso, espero que sí. Tócame la cara, que me tiembla el alma.

Y mientras yo, recostado y pensando que si me dieras la tu luz te llevaría por el camino que conozco dejando atrás un paréntesis de silencio.
Sueño con tu brazo en mi regazo y mirándote de reojo para ver si sigues a mi lado.

Por ahora el mundo se ha parado. Escoge un pincel y empieza a inmortalizarlo.


Autor: Ricardo S.T.

domingo, 24 de mayo de 2009

Miradas hacia una cereza.

Todo empezó con una mirada desconocida, una mirada de esas que hacen fluir pensamientos mientras letras encubiertas por intermediarios hacía de esa situación una muy dulce y agradable.

Ella hacía verse, detenía sus palabras justo al borde del camino, haciendo que el cuerpo del receptor vibrara al son de piropos infundados en una fe ciega.
Ella hablaba de perfección e inteligencia unida a belleza. Él mostraba una parte intensa aunque amable de su personalidad. Los dos se miraban y sonreían haciendo que de un tiempo a esta parte cueste muy poco dejarse llevar por deseos.

Ella, mientras, dejaba ver sus labios rozando rojas cerezas. Acariciaba el rojo besándolo, pensando quizás en un futuro próximo que le intensificara sus emociones.
Él, por su parte, prefería inundarse en la sutileza del momento, pensando en cómo describir aquello que veía haciéndolo de lo más sutil y delirante.

Y así pasaron los días y las estaciones, poquito a poco todo fue terminando y en los créditos, ahora, aparecía un nuevo protagonista, un protagonista algo menos recorrido en distancia y equilibrio, algo menos formado en cuanto a abrazos y camas compartidas.

Pero bueno, esta historia es como las cerezas, quizás se pierdan en el flash de una foto sin encuadrar, mostrando solo lo esencial , esencial y práctico, bonito… Perfecto.

Te conocí viendo pasar trenes que creí que nunca regresaban… Parece que el tiempo nos reunirá tras enseñarnos nuestras heridas. Te soltaste el pelo y amarraste con tu cinta muchas cosas de mi vida… Aún te debo algunas letras… Aunque como ya te he dicho, te conocí viendo pasar trenes que nunca regresarían y tú estabas esperando a otro hombre en la estación.

No puedo dar con esta último párrafo para terminar esta colección de letras, creo que se ha quedado algo dormido en mi garganta.

Sigue coleccionando soles, sigue moviéndote al son de cerezas, que seguiremos mirándonos y sabiendo que aún nos quedan muchos latidos con los que mecernos.



Dedicado a Neus, Sigue buscando tu cereza.




Autor: Ricardo S.T.

miércoles, 29 de abril de 2009

Algo más de 50 metros.

Llevo días buscándome… No quiero pensar en arena de playa ni nubes que reinventan su voz.

Me veo al revés siempre que recuerdo brillos de fotos… Estatuas de sal que preparan su salto mortal.

Fue algo que salió mal y ahora no mira a la cara en los cruces donde se dibujan momentos de ciencia ficción.

Si echo la memoria hacia atrás ensucio recuerdos… Solo sueño con fotos sin flash que al revelarse hacían ver labios rosados y felinos ojos, aquellos que me inundaron y me hacían vibrar.

Podría contar que ocurrió ayer, podría decir que hace tanto tiempo que el sol se ha vuelto a poner… Me acariciaban aromas de playa y fuego, me rozaban emociones que brindaban por algo que por fin existía, algo conocido etílicamente y terminado de forma melancólica.

Ella con el ruido de fuera no pudo ver que aquello era algo más que pasajero, algo con lo que de un tiempo a esta parte se hubiera contando como un antes y un después… Y así fue.

Ella llegó tarde, quizás no me vio y vio a demasiada gente… Tal vez en vez de su presente vio una fiesta en su lengua… No vio esa “reflejada solar” que despuntaba en nuestros corazones.

Tu rostro, de repente, claro y brillante me ilumina… Tus gestos me llevan a memorias y recuerdos donde bailaba hasta el amanecer… Junto a ti.

No había principio ni final, tan solo lo que querías ir contando… Yo simplemente respiraba y te amaba, resumía en letras lo que dejé y recogí en ese lugar… En esa burbuja de hielo donde la ambigüedad y lo real surcaban con nudos entre las manos.

Al salir de la pista vi que aquello me dejó en la espuma de una marea… Me atrapó una red de una novela de Poe.

Me dejó algas tejidas en forma de desilusiones, me dejó, como diría Vetusta Morla, los versos borrados, la tinta de un borrón, un papel mojado.

Me estoy cargando de nostalgia… Y me sigues pareciendo la chica más granizadamente especial de la ciudad mientras tu nombre aún sigue escrito en la arena aquella primavera.

Mi portal aún busca el rincón donde los ecos de los susurros se agarraban de la mano, por miedo del futuro.

Ahora hay noches vacías donde vuelvo solo y malherido, aburrido y vigilando las caras de viajeros que vagan junto a mi.
Aún arde la llama que encendiste… Y debimos decirnos algo antes de que nos dejáramos de acercarnos y besarnos… Y mientras tanto quedara muerto.

Ahora son algo más de 50 metros de distáncia...

Y siempre, siempre… Mirarte a los ojos, y tal vez recordarte que antes de rendirnos fuimos eternos.


Autor: Ricardo S.T.

martes, 7 de abril de 2009

Comisura.

Él vestía bermudas. Era una noche calurosa de un movido verano. Ella, expectante aunque con cierto tono interesante, le esperaba.

Él, cada segundo se perdía por la comisura de sus labios, recordándola, viendo el tiempo luchado y ganado, sintiendo esas partículas de aquel comienzo arenoso y amoroso. Notando y sintiendo aquellos factores que hacían de ese día uno de los más recordados de su vida.

Tiempo atrás él se dejó caer sobre la que parecía la más dulce de las opciones. Se dejó embaucar hasta las trancas por aquellos ojos felinos, dedicados a la luz lunar cada noche, cada momento.
No cabían más cosas en su cabeza que ella, ella, ella… Metáforas al uso que se quedaban cortas a la hora de expresar y magnificar sus emociones…

Ella lo esperaba, después de que él concertara cita con la que sería su futuro más oscuro y desagradable, en el relieve de las escaleras de un lugar con fuerte gradación simbólica.
Ella estaba allí, tan tan radiante, quizás cambiada exteriormente por acciones, sucesos y alguna que otra copa, él, sin embargo, la veía como siempre, la sentía y besaba como nunca. Él no sabía que aquella chica que le ablandeció el corazón una y otra vez se convertiría en una foto sin flash.

Tacones amarillos y encajes de vaquero le sacudieron, le hicieron vibrar hasta intensificársele la piel. Se erizó, su piel se activó cuando esos ojos los tenía delante, cuando los ojos de su chica los disfrutaba y le hacía recorrer toda su espalda a base de punzadas de color blanco y negro.

Abrazos, besos, sonrisas.
Ella podía detener el tiempo con solo un batir de párpados, y así lo hizo mientras él se rescostaba sobre aquella rugosa pared.
Bolas de collar rozaban el cuello de ella, rociándose levemente de su característico perfume. Él las contemplaba y se quedó impregnado en su corazón y en sus letras ese inconfundible aroma.
Vibró junto a su chica, se elevaron hasta la cumbre de ese amor anunciado meses atrás.
De la mano se despidieron calle abajo, en medio de tanto ruido se dieron un beso más, uno de despedida. Acordaron verse, acordaron volverse a amar… Pero no sabían que ese beso de despedida sería el último, sería el final. Sería el que siempre será recordado como la última parte de cariño demostrado.

Él No volvió a rozar la comisura de sus labios. Enloqueció soñándolos.
Quería volver a disfrutar de sus ondulaciones, de su fina tez blanca y su rosa al lado, quería acariciarle y volver a ser lo que fueron antes de rendirse… Eternos.
Ella al margen, guardada en su sí hasta hartar, increíblemente enamorada.

Las emociones de ambos no volvieron a bailar sobre la pista construida durante meses. Los sentimientos jugaron al escondite, donde fue imposible encontrarlos, otra vez… Como cada mañana.

Él seguía enloqueciendo muchos días, aunque muchas más noches… Mil noches.


" Dedicado a mis lectores, en especial, a mis seguidoras del otro lado del charco, a las cuales les debo y agradezco tanto tanto apoyo y ánimo que me permiten seguir juntando letras y demostrar que todos podemos disfrutar."
GRACIAS


Autor: Ricardo S.T.

lunes, 16 de marzo de 2009

Vaho hasta el apagón.

Y aquel día y junto a su amiga lunar, todo giró hacia la perfección rozando el calor y la cara de la felicidad… Se juntaron flashes con alcohol, quizás restos de deseos y altas dosis de gran-gran amor.

Ella extendió su mano, vestía perfecta y enamoraba. Brillaba porque sí, descomponiendo al chico en mil pedazos liberando la piel.

Él, expectante, se dejaba llenar de colores y letras de agua y clima.
Entró en contacto el dedo de ella con el cristal de esa máquina a motor.

El cristal, compuesto por los efectos del frio y el clima de esa noche se quedó marcado y tintado de letras y emociones, de risas, canciones, sensaciones… Amores, deseos. Pasiones.

Él la miró mientras fundía sus letras dentro suya, estaba tan “ella” que no se resistió a abrazarla y besarla. El chico pensó que podía, en ese momento encantar, girar, brillar, vibrar… Pero también podía saber que cuando ella mañana esconda su voz y no esté a su lado… Él hará de su angustia una flor, y con ella una bandera para así calmar la melancolía de la chica de su vida… Hasta que vuelva!
Saber que sin ti, amor, duele más.

El vaho abrazó su dedo, pequeñas partículas solemnes y embriagadas recorrieron la espalda del chico… Éste vibro y aprendió su truco.

Por la noche se atraparon corazones asfixiados y se miraron, eran felices… El juego les había dejado así…
No se donde queda el rumor que les vio nacer… Pero ahora las dilatadas pupilas ven que todo es perfecto, que se machacan sus cuerpos prietos por sus sueños… Y volved a mirar… Ellos son felices.

Y esas partículas escribieron: TE QUIERO.

Y es verte… Y quiero verte y quiero escribirte y dibujarte en el vaho… A mi lado.


Autor: Ricardo S.T.

lunes, 2 de marzo de 2009

Tal vez fue aquel suelo embarrado...

Y aquí pongo laa traducción del anterior texto, espero que sea del agrado de todos. Aprovecho para dar las gracias a las personas que me apoyan y que siempre están ahí para leer mis letras juntas.


Tal vez fue aquella noche donde el suelo estaba embarrado, marrón y las suelas de los zapatos hacían bailar sus colores, siempre tirando hacia el sucio final… Y aún todo eso, en resumidas cuentas era bellísimo.

Se acercaba la hora donde él por fin, y después de una dura, aunque maravillosa semana estudiantil la vería, gozaría de ella fuera de aquellas paredes llenas de letras, números y palabras tintadas de negro y azul.

Ambos quedaron en un recinto donde aquel día se transformó y se perdió por el camino de la fiesta y el alcohol. La fiesta era viva por la gracia de miles de personas, miles de miradas y palabras más mayores que menos donde lo único que querían era cazar historias sentimentales.

En aquel recinto de fiestas, en el centro, se encontraba la que fue la pista sobre la que bailaron todos aquellos sentimientos y emociones, donde se cantó con la fuerza del puño que brillaba en los ojos de ambos.

Él, al verla, se acercó a ella, rubia, tan tan bonita. Su aroma era la envidia de todas las flores mientras que el helado aire que refrigeraba y hacía vibrar se apartaba delante de la fragancia y textura de aquellos ojos azules que presentaba la chica.

Él se enamoró… Melodías dinámicas y preciosas sonaban a ritmo de “ragga” mientras que besos y abrazos recorrían el cuerpo haciendo escala en la nuca, una punzante escala que dejaba sensaciones de emociones, emociones de amor, intensificaciones de la piel.

Brazos que rodeaban pensamientos hacían que los azules ojos de la chica compaginaran con el caliente cuero que rodeaba al chico… También las palabras que querían decir y que, como tantas veces, ahora se arrepienten de no haberlo hecho. Y se fueron de aquel recinto…

El chico salió del corazón de la chica, de su corazón y de su cama, y desde entonces sabe que solo están sus ojos, sus oídos… Sola su voz.



Autor: Ricardo S.T.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Tal volta fou en aquell sól embarrat...

Antes de empezar esta publicación aviso, está en catalán, en breve publicaré la versión en castellano.
Gracias por vuestra paciencia.

Tal volta fou aquella nit on el sól hi estaba embarrat, marró i les soles de les sabates feien ballar el seus colors, sempre tirant cap al brut final… I encara tot això, tot plegat era bellísim.

S’apropave l’hora on ell per fi, i després d’una dura, encara que meravellosa setmana estudiantil la vorie, gaudirie d’ella fora d’aquelles parets plenes de lletres, nombres i paraules tintades de negre i blau.

Tots dos quedaren en un recinte on aquell día es tranformà i es pergué pel camí de la festa i l’alcohol. La festa ere viva per la gràcia de milers de persones, milers de mirades i paraules més majors que menys on l’únic que volien ere caçar històries sentimentals.

En aquell recinte de festes, al centre, es trobava el que fou la pista sobre la qual ballaren tots aquells sentiments i emocions, on es va cantar amb la força del puny que brillave als ulls del tots dos.

Ell, en vore-la, s’acostà a ella, rossa, tan tan bonica. El seu aroma ere l’envetja de totes les flors mentre que el gelat aire que refrigerave i feia vibrar s’apartave davant la fragancia i textura d’aquells ulls blaus que presentaba la noia.

Ell es va enamorar… Melodies dinàmiques i preciosses sonaven a ritme de “ragga” mentre que bessos i abraços recorrien el cos fent escala en la nuca, una punçant escala que deixaba sensacions d’emocions, emocions d’amor, intensificacions de la pell.

Braços que envoltaven pensaments feien que els blaus ulls de la noia compaginaren amb el calent cuir que envoltava al noi… També les paraules que volien dir i que, com tantes vegades, ara es penedeixen de no haver-ho fet. S’enanàren d’aquell recinte…

El noi eixí del cor de la noia, del seu cor i del seu llit, i des d’aleshores sap que sols están els seus ulls, els seus oids… Soles la seva veu.


Autor:
Ricardo S.T.

lunes, 19 de enero de 2009

Cuadrar el círculo de esta obsesión...

Una mañana gris y desencantada, yo con la mayoría de horas de mi errante despertador en mi insomniolenta posesión, vi que aquél no iba a ser un hitoso y prodigioso día para la posteridad.

Salí de mi casa, salí de mi cama.

Recordé mis haceres y olvidos, recorrí con esos pelos y cuero por doquier la hacera con destino de tinta por echar y folios DIN A4.

Mientras las caramelizadas suelas de mis ya desgastadas y quizás más grises de lo que acostumbran, zapatillas iba rozando la ciudad de cemento y madrugón, iba yo pensando que hoy, como otros tantos, llegaría después de que los pilares rectilíneos que marcan la historia anduvieran por la hora fijada.

Entre rayos de luz y otros matices, y con una mañana algo más precisa y clara, rocé el aire que besaba plantas, bancos, arboles y balancines…

Vista izquierda, vista derecha, despertadores y cafeteras.
Vista hacia, quizás, una posibilidad emocional y pseudosentimental… Posibilidad inaudita e imprecisamente realizada.

Rocé con deslizante licra un lugar de madera. Rocé apoyo reconocido… Pensé si ese banco sería mi guarida para los cuarenta y dos minutos que restaban para la siguiente hora marcada.

Nada más lejos de la realidad, vi como el tercer piso quedaba inaugurado una mañana más… Tercer piso de tiempo de paso y jodidos días. Ví como en aquel tiempo podía juntar letras y escribirme en aquella mañana. 29 Minutos más tarde resumo lo que ahora es mi día.

Y ahora, al lado de años más largos, miro la hora en la pantalla… Pensaré en marchar… No sea cosa que los pilares… (Bla, bla, bla).


Autor: Ricardo S.T.

viernes, 9 de enero de 2009

T'estime, t'estimo, t'estim.

Te veo rayando corazones, borrándolos quizás…

Estás cogiendo las riendas de mi rebelión subiendo el cuello de tu suéter, acercándotelo, deslizándotelo, preciosa, por tu textura.
No puedo remediarlo, cosita, tu mirada me provoca.

Tu piel blanca, preciosa, me enamora, tus ojos al brillar me vuelven a hacer vibrar… Como en aquél Octubre.
Recostada estás, tu brazo vestido con tu suéter desnuda mi mente, tu brazo está doblado, haciéndote descansar, mientras, miro tus labios, esos que se me acercaron una vez, esos que fueron eternos… Esos con los que sueño… Te sueño, bonita.

Y tu pelo, ondulado, roza y siente tu cara.
Azuléame otra vez, preciosa, quiero sentir como mi rojo se azulea en tus ojos.

Delicada, bella, mantienes tu compostura; Chaqueta marrón, cosita, me excita.
Y en esta mañana de Enero, fría, la haces hermosa… demasiado como para no hacerme vibrar… Otra vez.

Desliza marcando el camino de negra tinta, mientras su rostro goza de belleza, su rostro precioso, hermoso. Sus ojos, al brillar… me miraron.
Sus labios tensos, me besaron. Felicidad física, emociones pasadas florecen para sentir, para sentirte, para volver a desearte, volver a amarte, seguir con mi entrecerrada mirada que, con húmedos cristales, vuelve a recordarte e imaginarte, vuelve a ver esa imagen de tu brazo en mi regazo, de tu brazo vestido de suéter alzado, agarrado por la manga con apenas tres dedos y dibujando entre el vaho de la ventana tu símbolo, nuestro símbolo. Y me enamoré.

Mientras espero por quemarme yo pensando en tu sonrisa.
Quiero que me dibujes con tus dedos… Y te digo quién eres.

Intensificar mis emociones.
Revivir tus dulces emociones.
Empezar de nuevo.
Naturalmente amarte, otra vez.
Emigrar cerca de tu cuerpo…

Ojalá pudiera volver a aquel concierto, respirabas a mi lado, melodías fluorescentes nos hacían vibrar, bellos sueños bailaban sobre ti, amor, mientras acariciaba tu pelo… Me marcó, señalado… agarrado de tu cintura y en el hueco del eco de tu voz, un trocito de canción… No podía describirlo mejor:

T'estime, t'estimo, t'estim.

Autor: Ricardo S.T.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Perdiste la partida creyendo en la victória.

Lo cierto es que hoy, ahora, seguiría queriendo tenerte cerca… Quizás murmurarte al oído aquellas cosas que se que te gustan, cumplir esas travesuras que planeamos juntos en algún lugar de la tarde, quizás hacer las maletas para irnos a esa prometida isla desierta.

Ahora, en mi cama, hay restos de esas palabras que daban la espalda, de esta tarde donde nuestros papeles cambiaron y se confundieron bajo un desagradable manto de sensaciones, de amargas sensaciones… la ciudad quizás ya no se vuelva a quedar quieta mientras tu me miras…

Miraba el reloj con miedo, se acercaban las 19:30 y yo temblaba… en esos momentos recordaba lo que podía haber sido de haber pasado diferentes acciones por parte de ambos…
Demasiadas cosas con las que pensar, en todas aparecías, con demasiadas cosas tenías que ver…

Llegaste sonrisa en mano dispuesta a hacerme quedar con el más capullo desalmado… eso sí, al menos me dabas la razón de todo lo ocurrido.

Pasamos frio, tomamos café y nos tiramos de nuestras pieles, cansadas y deseando otros paisajes y otros tiempos.

Tirante y tenso, jamás quisiera volver a esa situación… Actué contra mi salud, actué contra mi pensamiento, actué contra aquello, contra mi yo y mi súper yo… Actué contra mis más profundos deseos… deseos de mirarte a los ojos y plantarte un beso como los de días anteriores, hacerte enloquecer y desear romper un cabezal de cama.

Tú simplemente te dedicaste a juguetear y coquetear con la ironía y el sarcasmo, haciendo así difícil una grata conexión que yo me encargué desde un primer momento de que ni fuera grata ni fuera conexión poniendo las cosas como estaban pensadas.

Fuera tomaduras de pelo que yo me imaginé, no más juegos, no por hoy, no hoy… Hoy, día difícil de duras palabras con pasados y latentes amores que sin más, se niegan a conceder una tregua.

Como base un papel, el azul presente y un cóctel de melancolía y melodía hicieron el resto.

Sentada sobre una silla de mimbre, fumando un pitillo y haciendo esperar a un cortado descafeinado, leíste mis letras sin casi pausas, sin reacciones, sin sonrisas ni lágrimas que emprenderían diferentes reacciones.
Te quedaste donde no quería… inmóvil al borde del camino… Y yo me tomaba mi “capuccino”.

Te da igual que yo haya vuelto a perder, dándolo todo aposté a una casilla, esa casilla se movió en el último segundo… pillándola de la mano de no muy pasados tiempos.

Estuviste en sitios donde te soñé, te soñaré donde estuviste, te soñaré.

Llega la noche y cortes de confección nocturnos salen a la calle en busca de diversión mitificada… Y te vi de aquella manera que tengo de verte… Allí estabas, a unos cuantos quilómetros de nuestra cafetería de costumbre, en un parking falto de neuronas e increíblemente escaso de brillo… Por mucho que deslumbraras, no brillabas.

Nos vimos, nos saludamos, dos besos, roces, tu pelo, distancia mínima, cambio de sentido, tus facciones, tu pelo, roces. Beso.

Ni una palabra más… hasta que no se si en motivo de aflicción o cordura me ofreciste de tu bebida, una bebida “forrada” con una fiel bolsa de plástico… me ofreciste sin mirar, te la acepté sin contemplar, te la devolví sin hablar…

Vestías con tu embellecedora chaqueta negra y una fina camiseta que no daba lugar a la imaginación… no hacía falta usarla; Bonita, al fin y al cabo.

Eras la explosión de mi devoción, un icono ilustrado de mi atracción… y no habían palabras para decirte nada.

Tus ojos me debilitan la memoria … Invéntate el final de cada historia, la mía, la tuya, la suya, la vuestra, la nuestra.

Elegiste, desechaste.
Sufrí, caí… Escribí. Te fuiste sin despedir, hasta la próxima, amiga. Te vi con los brazos abiertos, no para mi, amiga.

Deseo que sobre esos tacones, pantalones negros y ondas de cabellos extremadamente sensuales quepa un sentimiento mínimo de interés por el que, según dijiste, era el chico que más querías en este mundo… Unos sentimientos que espero que te recuerden a aquel chico de la pulsera de cuero en la izquierda… De aquél que te imaginabas en “un portal del centro” o quizás rompiendo cabezales…

Espero que te acuerdes de que me querías.

Y yo… Lo sé, no soy la víctima más víctima de este hecho de 3 ó 4, pero sí una variante afectada, sí una imprecisión del destino, un resto de amor.

Y ahora… sueño, cierro letra, cierro etapa. Mañana yo solo, pero tú acompañada.

Mañana planearé mi futuro, incierto, en declive, pocos pilares me aguantan ya… y tú quizás repitas esa frase de dicho film que tanto te gusta: “con patatas que te cagas”… Me gustaba más cuando me decías: “Te quiero”.

No tengo más regalos para hacerte, no más de los materiales, no tengo esas cosas “más bonitas de tu vida” que decidieron 3 destinos.

Solo me tengo a mi para regalarme… era tuyo, bueno… Hay ticket, se puede devolver, alguien lo querrá aunque a un precio más bajo.

No me atrevo a decir todas las noches que perdí. Pronto nos miraremos y diremos que discutíamos a veces, a veces sonreíamos, y sin embargo nos amábamos… Mirarte a los ojos y tal vez recordarte que antes de rendirnos fuimos eternos.


Autor: Ricardo S.T.