viernes 20 de enero de 2012

Varillas.

¿Qué les ocurre a las varillas del reloj?

Dramáticas, se balancean secas de tiempo, teñidas de negro cuarteado, movilizando el ambiente y rasgando el eterno deseo de saberme a tu lado.

Agazapadas en silencio, se cubren de brea y sollozos con cuerpo de un humo que baila con cada suspiro que acorralo en mi habitación provocados por imaginarme viéndote tendida sobre mi colchón.

Quiebro mis pulmones mientras se consume la pavesa encendida, sabiendo que las líneas de niebla y humo se retuercen esperando al sol, y besan mis ojos e intentan sucumbirme ensordeciéndome las pupilas bajo otra fría y afilada madrugada soñando con tus manos y con tu silueta detallada.

Suspiro esparciendo líneas de prosa relatada, cayendo débil y acurrucado, y pidiéndole a esta madrugada despertarme a tu lado. ¿Qué le pasa al reloj, que no corre? ¿Por qué no tiemblan sus varillas adelantando tu abrazo?

Brilla la calle, muerde la noche mientras la luna arde y las líneas de mi carbónico respiran fulgentes y liberadas, tratando de describir corazones, los mejores, gritando besos y situaciones de un enero que viaja en tren.


¿Qué le pasa al reloj, que funciona muerto sin salvarme y sin decirme cuando estaré cerca de tu cuerpo?

Autor: Ricardo S.T.

jueves 29 de diciembre de 2011

Cada recuerdo de tu mano sobre la mía.

Veo arder Diciembre en cada alfeizar de la ciudad. Veo cómo se retuerce la madrugada en la calle y me someto al delirio y al parecer helado de las estrellas que se estremecen y alumbran como neones cegadores que atraen corazones.

Descubro poco a poco tus pupilas dejándome llevar por la tinta húmeda que me acordona el cuerpo, y me imagino deslizando cada noche mis dedos por tu pelo, mirando desde la ventana el cielo, con la única duda de saber qué tal está nuestra luna, rutilantemente presente.

Veo consumirse Diciembre, y entre los retazos de mi recuerdo algo nuevo mueve e inmoviliza el mundo, algo deja a las palomas en pleno vuelvo inmortalizadas entre un paisaje de plumas sollozando al caer. Algo me hace temblar y cerrar los ojos dejándome llevar y deseándome saberme amalgamado en tus brazos.

Vibro cada noche con cada recuerdo de tu mano sobre la mía tratando de adivinar el método para que no te alejes de mi vida.

Descubro poco a poco que vivo diferente porque tú estás a mi lado. Sueño robándote el tiempo y tus besos frente a tu portal mientras nos miramos callados. Sigues sacudiendo mi fuerza, sigues siendo el impulso que me da energía para sobrevivir otro día. Sigues cambiándome mi vida que, estremecida, suplica encantada retener un segundo más bajo el calor de tu mirada.


Autor: Ricardo S.T.

sábado 17 de diciembre de 2011

Revolución.

  Son días de luz y frío, de humedad y llama.

Ella brilla radiante, sabiéndose rutilante al enroscarse con la madrugada y el rumor de olas.

  Él tiembla nervioso al mirarla fijamente, al acorralar sus pupilas en los párpados de ella y al sentirse doblegado por la humedad de la costa, pero descubriéndose refugiado en la sonrisa exaltada y afilada de una joven cenicienta con las manos frías y unos ojos que reían estremeciendo mi cuerpo a poca distancia.

  Suena mi canción y la tarareas mientras le pido a las luces que pasan por el retrovisor que pare el tiempo, que el aire no corra, que la noche no se marche, que se retrase tu reloj y se alargue éste instante presente en el que puedo mirarte de reojo, ver que sigues a mi lado y no tener miedo del calendario. 


  Tocaste mi cara, miradas, canciones, palabras, ilusiones. No hay ninguna luna de diciembre como aquella. No hay nadie que alumbre como ella.


Autor: Ricardo S.T.

jueves 8 de diciembre de 2011

Coronas de agua.


  Se formaban coronas de agua sobre el paraguas mientras recorría unas calles llenas de charcos y zapatos mojados. La hora había llegado y el tiempo estaba de nuestra parte. Llovía, soplaba el viento y la poca luz que le quedaba al día luchaba contra unas nubes que devoraban el ambiente.

  Fumando un cigarro y suspirando sin tregua mientras las gotas se deslizan por las cañerías formando ríos en la calle empedrada en la que te espero, plantado y aguardando, esperando que la noche nos acorrale.

  No me reconozco asustado y nervioso, estremecido antes de esta función de invierno en un teatro improvisado, esperando que tu silueta aparezca al final de la calle rompiendo el aguacero, brillando y haciéndome temblar… Será el invierno, o el saberme contigo robándote promesas que pactan conmigo sin saber cómo ni cuándo volverás a dejarte raptar.

Soplaba el café, removías la cucharilla. Te miraba con interés mientras sacudías mi vida.


Autor: Ricardo S.T.

miércoles 16 de noviembre de 2011

Arden los recuerdos de abril.

Nos estremecemos juntos, derrochados al afecto, cansados entre las agujas del reloj y el cristal de la cafetería. Mirándonos y sabiéndonos juntos entre el olor del café y el sonido de las cucharillas al remover.

Deslizas tu pelo entre tus dedos, recogiéndotelo y dejando ver tu cuello, blanco y largo, mientras te sujetas el pelo con una pinza roja y rectangular. Hablas de lo cansada que estás hoy y de lo mucho que has comido al medio día, aunque sé perfectamente que a lo sumo habrá sido un café con leche con sacarina y unas cuantas rosquilletas.

Esta tarde llevas mi camiseta preferida, esa blanca con líneas horizontales azul marino, que te queda tan bien conjuntada con tu cinturón rojo y los pantalones negros ceñidos, y culminando con esas zapatillas rojas con punta blanca y un montón de estrellas dibujadas con boli.

Me coges de la mano y siento que no quiero levantarme jamás de aquella silla con motivos de flores, ni que nos quiten nunca nuestros cafés de aquella mesa verde, porque solo quiero que sigas pestañeándome cerca, sonriéndome y dejando ver tu mancha del labio…

No quiero que llegue el día en el que pongamos el punto final a este relato perfecto con tinta permanente. No quiero que llegue ese Abril en el que la ciudad se consume entre llamas y yo, solo y descompuesto, haga el mismo recorrido pero sin ti a mi lado.

No quiero que mi biografía esté sangrando cada día, herida de días grises, mates y opacos, lamentando tu ausencia, pensando que te amé demasiado y que tal vez, por amarte tanto, quizás tú no me ames igual. Tengo miedo a que llegue el día en el que sueñe que estarás al despertar como aquella mañana, y que al abrir los ojos me desespere buscándote, aunque sepa que no vas a estar y que jamás volveré a encontrarte.

Tengo miedo de escribir esto algún día y pensar que al terminar, entre humos y escalofríos, vas a venir a buscarme para decirme que vuelves para quedarte.

Tengo miedo, porque sé que no vas a volver a aparecer.

Autor: Ricardo S.T.

miércoles 5 de octubre de 2011

2º Extracto de la nueva novela de Ricardo Semper Trilles.

Noire vio como Gastón cada vez hablaba menos con él y más con los numerosos grupos de amigas, intentando seducir a cualquiera de ellas, así que se resignó al final de la barra, pidiéndole esta vez al camarero una tónica, sola, sin alcohol.

 De fondo el rumor de mil bailes y humos retumbaban en su corazón, despertando a los pájaros de su cabeza echando de menos el dulce sortilegio de tener una sonrisa a su lado cada noche en su cama.

 Había varias parejas amándose de una forma respetuosa y formal. Él no se atrevía a seguir los pasos de ninguna chica solitaria y seguía dándole vueltas al hielo de su tónica… Noire, absorto, mordía la pajita con la que bebía.

 Casi sin darse cuenta se fijó en una muchacha que, a su lado, hacía puntillas y se apoyaba en la barra tratando que el camarero la escuchara para pedirle una copa. De repente algo cambió en su estado de ánimo. Se fijó en la flor en el pelo negro de la chica, en su muñeca llena de pulseras y en su sonrisa brillante por el gloss de sus labios. Le hacían gracia los saltitos que daba la muchacha para que el camarero le dedicara algo de tiempo, así que Noire, también casi sin darse cuenta, inició conversación con la chica, diciéndole sin pensar –“Este camarero no te hace ni caso, ¿eh?”.

 La chica, algo alterada, asentó mirando a Richard a los ojos y diciéndole –“Ya ves, está todo el rato en la otra punta de la barra, no viene hacia aquí, y yo quiero mi gintonic”. –“¿Gintonic?”- preguntó asombrado Noire. –“Eres de las mías, voy a ver qué puedo hacer”.

 Richard se fue al otro extremo de la barra, y haciéndose sitio entre la gente que demandaba bebida logró hacerse hueco al principio de la barra, donde desde allí veía a la chica, mirándole algo extrañada. En pocos segundos consiguió la atención del camarero, al que le pidió y pagó un gintonic. Volvió hacia donde estaba ella, -“Toma, ¡te lo he conseguido!”- exclamó Noire. -“Vaya, muchas gracias, eres mi héroe. ¿Cuánto te ha costado?”- respondió la chica de la flor en el pelo. -“Nada, invita aquí el héroe”- repondió Noire.

 Ambos sonrieron sin saber muy bien qué hacer, pero sorprendentemente la muchacha le reprochó –“Bueno, ya que no quieres que te de dinero, ¿quieres que te de mi nombre o tampoco?”.
 Noire pestañeó nervioso, no esperaba esta situación tan repentinamente. –“Claro, yo soy Richard”- dijo. La chica de las pulseras en la muñeca le contestó: -“Ohm, así que Richard… Yo soy Chloë, encantada”.

Autor: Ricardo S.T.

lunes 22 de agosto de 2011

Extracto de la segunda novela de Ricardo Semper Trilles

Sus trifulcas con sus sentimientos pasados se vieron colapsadas al recordar el final de sus historias con aquella rubia. Su canto y guitarreo póstumo a aquella relación le dejaba lagunas sentimentales que se situaban cerca de la pérdida de la cordura y no le gustaba tener que revolver entre sus emociones viscerales y volverlo a pasar francamente mal por alguien que sometió su más sincero cariño hasta la madrugada en la que nuestro amigo se dio cuenta de que nuestra amiga no volvería a aparecer ni en las noches de invierno ni en las mañanas de primavera.

Se daba cuenta de que de esos roces con la rubia y las guerras en su cuerpo eran de hacía ya mucho tiempo… -“Cómo pasa el tiempo”- repetía cada vez que intentaba hacer memoria para recordar su rostro. Sentía vértigo cada vez que volvía a preguntarse qué estará haciendo ahora esa chica que le cautivó muchas noches, varias tardes y alguna mañana en la que ella se dejaba raptar y huía de la clase y de los estudios.

Nuestro hombre, entre suspiros, sabía que otros habrán llegado a la vida de la rubia, que la escapada que ella prometió la habrá realizado con otro hombre. Quizás ella habrá conocido a otro chico con mirada oscura y negra y éste le habrá puesto nombre a todos sus hijos, o un adonis particular la habrá cubierto de dinero y de fiestas en terrazas veraniegas, llegando con un BMW, o Mercedes y regalándole noches de ginebra y apariencias. O tal vez ella siga buscando su estrella polar en los regazos de los muchachos descarriados… O, a lo mejor, ella seguirá sentada en su ventana viendo el tiempo pasar mientras fuma cigarrillos bajos en nicotina para intentar terminar con esa adicción que nuestro amigo le creó al enseñarle a fumar y, mientras se consumen esos cigarros, tal vez ella desea que ese humo llegue hasta nuestro chico y se fuerce el destino para que se vuelvan a ver…

El caso es que él estaba cansado y desfallecido cada vez que amanecía otro día, gris y triste, en el que recordaba a su inspiradora. Sin saber ni cómo ni por qué se asesinaba visitando algunas calles en las que los dos juntos pasaron mientras se enamoraban, quizás ella volvería a estar tan bonita y redicha en algún rincón de la ciudad.


Autor: Ricardo S.T.


(Este extracto pertenece a mi segunda novela, todavía por publicar. El título es todavía un enigma, tanto para mí, como para los seguidores que quieren leerme).


Gracias a tod@s por todo el apoyo incondicional que me dais.

lunes 27 de junio de 2011

Femme Fatale.

La madrugada añil lo había dejado claro… Tenía que ser esa noche, tenía que ser ella, la marcha triunfal hacia la reconquista de su vibrante azul.

Los farolillos adornados iluminaban con luz tenue aquel garito donde las claras con limón se consumían y el paquete de cigarrillos iba disminuyendo y desesperándose entre favilas compartidas.

Presumía bien cada poro de su piel, la rubia deslumbraba y la situación era precisa, genial, estampada en un manto estructurado en el que los sentimientos, pasionales y ya recordados, se fundían en un claro rostro de personalidad, ambición y tétricas palabras medidas que, al uso, servían para hacer de aquel momento un ambiente de estrategia y aspiraciones, ilusiones y encantos que mostrar para volver a intentar amar a la rubia, esa que no paraba de azulear.

Hecho al fin, y con el leve tacto de sus labios, él, el chico, feliz, volvió a su casa con gran espera y dilación, desesperación y poca precaución deseando volverla a ver, estar con ella una vez más, a su lado, regalarle otra vez sus suspiros y besos, hacer callar a la luna, que ya empezaba a gritar, diciéndole que él volvía a ganar, que podía ser más fuerte que cualquier mala jugada del satélite con luz astral, mostrándole de qué manera conseguía cicatrizar su herida azul.

Tras un fin de semana sin muchas noticias de su deseo añil, la alargada sombra de la Milana volvió a cautivar su nuca, intentó retorcerle de nuevo la columna vertebral, aterrorizándole y estremeciéndole con pensamientos en diapositivas que mostraban sus deseos truncados al saber que la rubia tenía su luna particular y que ésta viajaba y hacía vibrar otros corazones con situaciones imprevistas y matices que no podía olvidar.

Le desgarraba la garganta la presión continua de bombardeos a su nostalgia. Le acuchillaban tormentos de noches con azahares pasados que le eran ajenos y se sentía inútil en la tarea de intentarla convencer, una vez más, para que ella le volviera a azulear.

… Y la pavesa manchaba sus pulmones con ritmos cardiacos, volvía a arañar el cristal de su ventana y deseaba, con fuerza y gracia, que su mirada triste y turbia se difuminara con la de la rubia…

… Pronto, porque siempre hay huecos por los que escaparse, deslizarse y escuchar el fiero canto desconsolado de la soledad hecha locura… Aquella locura que nos hizo bailar sobre las dunas de mi sábana; porque no hemos cambiado tanto, porque sigo cansado y hacinando letras en tus pupilas, temblando, esta vez en el calor de Junio, esperando nuestro turno.


Autor: Ricardo S.T.

lunes 20 de junio de 2011

Segunda novela de Ricardo Semper Trilles

Hola amigos lectores. La razón por la cual llevo un tiempo sin escribir en nuestro garito es porque estoy preparando la segunda novela, que puede ser publicada a finales de este verano 2011.

El título y el tema, o una breve sinopsis no puedo facilitárosla todavía, ya que al no estar todo completo y concreto no puedo comprometerme a materializar un principio de idea fija.

Por ello, os pido que sigáis fieles a estas letras, pues en breve publicaré otro relato, avanzándoos algo de la próxima novela.

Sin más, me despido agradeciendo a todos vuestro compromiso, que me ayuda cada día a seguir con esta ilusión.


GRACIAS
.

Ricardo S.T.

martes 26 de abril de 2011

Apuremos otra noche.

Por aquel entonces el humo ya se deslizaba por su garganta, los dedos amarillos ya no alcanzaban a contar las horas de madrugada que se volvían cortas y el calendario parecía que ardía en su contra.

Quedaba en su mente, y en el hueco de su garganta, un retazo de sonrisa que todavía creía recordar, un sollozo envolvente y estremecedor que limitaba su voz, hacía temblar su mano y rasgaba su espacio temporal.

La noche acorralaba a eso de las cuatro ante merídiem y era imposible mantener la ceniza controlada. Con cada suspiro esparcía la pavesa por su habitación que, a su vez, quemaba sus pulmones al ritmo de favilas consumidas con cada recuerdo evocado.

Las alusiones en pretérito parecían indefinidas, y la combustión del vibrar palpitaba en su interior, se agitaba… Y él, esperanzado, se sacudía errores y excusas mal nombradas con un suave y ligero pestañear que siempre iba acompañado de un fruncir de cejas bullicioso.

Temblaba la noche y él trataba de adivinar cómo era el último brillo de los ojos de ella al mirar, se esforzaba en emprender una lucha interna para recordar su último batir de alas, esa bandada asesina de pájaros enjaulados que rompía cada horizonte naranja mientras sus pupilas se afilaban…
De aquel parpadeo inmortal solo quedaba escombro de plumas que se desvanece con cada letra dedicada.

¿Cómo estarás ahora? Te echo de menos, cómo pasa el tiempo.
Ahora espero tener el reflejo de un espejo con el que me pueda reconocer, con el que pueda embriagarme y pensar que recibiré postales del extranjero contándome que somos otros, que las melodías vuelven a sonar. Que somos más viejos. Que aquel otoño sigue siendo nuestro.

Luz y letras para regalarte mi vida, decirte que la tarde es tuya, para suspirar con que volvamos a aquella cafetería donde el mundo se paró, donde me escuchaste y me buscaste, donde hiciste que me perdiera y cambiaste el norte de posición, apagaste la estrella polar y me enseñaste que las frías mañanas, grises y húmedas, llenas de mantas y rosas blancas son para pasarlas entre besos y humo de café recién hecho.

Lléname de nuevo con tus bailes de cucharilla entre sacarina e ilusiones. Inúndame con vértigo otro invierno. Haz que resuene otra vez el eco de esos traicioneros nervios que siempre he sentido antes de brindar contigo con un roce de caricia intrépida al saludarte. Haz que vuelva a nevar en el hueco de mis manos cada verano. Invéntate pétalos en primavera… Que nuestro árbol (del que ya te hablé) sigue con hoja perenne, sigue queriendo escapar, despertar a tu lado, sentirte.

Apuremos otra noche.

Vuelve y recoge mi silueta tendida en mi cama, vuelve a tocar el cristal de la ventana y juega de nuevo con tu vaho. Déjate convencer para que vuelva a enseñarte que podemos sentirnos vivos si somos la lluvia tras el cristal.

Haz que esta voz no se consuma recordando el morir del último portazo, que no se desgarre este último milagro.

Eres de nuevo una herida abierta, un grito desconsolador del que es imposible escapar, un deseo póstumo por el que estallar en un desgarro de vida, y de desgarrar tanto, sigo deseando tu presencia, tu sombra alargada entrando por la vereda de la puerta de mi habitación despertándome el día y removiendo las horas. Sigo queriendo raptar este fantasma de viejas citas desconcertadoras que toman el color del domingo y apuñalan mi amor propio a cambio de centímetros congelados llenos de luz, a cambio de madrugadas inmortales decidiendo si el botón de tu camisa iba a hacer historia aquella noche.

Haz que estos grises despertares y amaneceres tristes dejen de adelantar mi final.

La ciudad arde y grita, maldice y rasga esos rincones sin luz en los que el futuro no importaba si te agarrabas de mi mano, también las despedidas malheridas frente a tu portal.

Báilame el agua de nuevo, que mi corazón está codiciando otra vez el privilegio de mirarte a los ojos y recordarte que nunca es tarde para amarme, preguntarte si te acuerdas de mí y regalarte, sin tenerte en cuenta mentiras y esperas, mis letras. Acariciarte, recapitular hasta el momento en el que decidimos ser eternos.


Autor: Ricardo S.T.

martes 22 de febrero de 2011

Post de agradecimiento.

En los últimos minutos, nuestro garito ha superado las 10.000 visitas. Os agradezco todo el apoyo incondicional que me dais. 10.000 gracias por pasaros por aquí y leerme.
Hasta pronto!



Ricardo S.T.

lunes 14 de febrero de 2011

La madrugada añil del 14 de Febrero.

Dicen que la gente que se pinta bajo los clamores de la luna es un exiguo, carente, escaso y falto de discernimiento, intelecto, juicio y razón.

Dicen que los bohemios son irascibles, excéntricos, extravagantes, raros... Que se someten a la fuerza y presión de sus sentimientos, de su vida interior. Se conoce que no les importa qué dirán más allá de la piel de su amada, de la mancha de su carbónico o de las sábanas que cubren sus madrugadas... No sé, el caso es que somos unos enterrados curiosos. Unos vividores adictos a alguna droga poco original que se desviven añorando y rezando a alguna luz de una noche inmaculadamente oscura.

Sí, no está bien, pero fumamos, bebemos y amamos como todos... Bueno, más bien demasiado, aunque siempre creemos que este mundo es un segundo plano dentro de un universo constante que rompemos al estremecer nuestras mentes, al cerrar los ojos y levitar nuestro cuello. Al ver como el día es retorcido, cambiante y se duerme cuando nosotros despertamos.

Podemos saber que hay algo distinto que nos hace, cuanto menos, discutidos: Un sencillo brillo tenue a lo lejos que nos hace recapacitar y suspirar con cada matiz que roza y hace estremecer cada momento vivo, cada punto y aparte; Su luz, su cariño, su redoble de texturas que suena y se siente al adivinar la silueta de esa emoción tendida en el suelo de nuestra habitación.

¿Qué más da llorar o amar?, ¿besar o sollozar? Si deseamos sentirnos vivos para poder desear morir. Y tentamos a la suerte para que aquel castigo interpretado que es el amor llegue a nuestra vida y nos afile las puntas de los lapiceros, nos ponga tinta a las estilográficas, nos sirva de papeles e ideas y nos de libertad para elegir si pasear o morir cuando necesitamos a nuestra musa perdida entre las dunas de nuestra sábana… ¿Qué más da si ganamos o perdemos?

No importa que Penélope nunca regrese con Ulises, ni que la Cenicienta no encuentre su tacón… ¿Qué más dará que el veneno corra por las venas de Romeo si Julieta yace a su lado? No importa mientras nos sacuda la alargada sombra de la intensidad amorosa, la duda o la certeza de que otro mundo es posible a tu lado.

Todo es diferente cuando nosotros, los bohemios, te escribimos. Cada letra está escrita diferente porque tú la estás leyendo. Cada frase tiene una entonación distinta porque sabes que hablo de ti.

Por eso… Dejaos convencer, pasad y disfrutad de la vida nocturna, de ir al revés del mundo y que la gente que, hacinada, completa la ciudad os pregunte por qué lo hacéis.
Dejad que la cirrosis os perfore el hígado, que el amor lo hago con el corazón y sabed que vuestra musa será vuestra vida y vuestra asesina.

Dejad, por favor, que al cerrar los ojos y coser vuestras pestañas sintáis como cada noche vibrante y brillante os vuelve negro lo que corre por las venas.

Para los que no aceptéis el reto y sigáis con la rutina diaria… Sí, esto es ser parte, comprender y enamorarse de los bohemios.

… Y porque también amamos la libertad, el sexo y el disfrute de la vanidad ajena...


Autor: Ricardo S.T.

sábado 29 de enero de 2011

Madrugada de tedio y relámpagos.

Madrugada de tedio y humos que bailan enroscados en ceniza. Noche de pupilas afiladas clavadas en el horizonte más cercano de mis recuerdos. Sombras al borde del pleonasmo se esfuerzan cada vez que susurran entre ellas intentado adivinar la silueta azul que veo cada vez que despierto.

Vuelvo a nuestro turno y descubro una franja impermeable en el azul del cielo. Mientras todo oscurece, justo cuando cae la tarde naranja, veo como el pacto del sol con la noche se rompe por los retazos de plumas de bandadas de gorriones que recuerdan al dulce sortilegio que me regalaste, despeinada, en el asiento de atrás de aquella falúa en la que te amé.

Llueve y sigo arañando el cristal. La luz febril de la calle provoca chapoteos de gatos insomnes que se asustan y huyen cuando me escuchan soñar que cuento relámpagos contigo. Un espectáculo sentimental yace sobre el ruido de tu oxímoron desgarrado en el frío gris del cielo tormentoso.

Cuando nos quisimos dar cuenta, la taquicardia invadía nuestros pechos, latentes y ardientes, desfigurados por el recuerdo de aquel susurro ensordecedor que apareció, abrazado a tus caderas y entró por aquella ventana azul que estaba siempre abierta de par en par.

Los mechones se volverán a erizar con la humedad. Volveremos a confundir el verano con la nieve y el invierno con cometas comprometidas con la brisa. Confundiremos tu piel y mi piel, fundidas, destrozando nuestros cuerpos prietos. Escaparemos del mundo, de nuevo, con el único equipaje de nuestros besos descaradamente azuleados.

Llueve, y sigo despierto sollozándole al oscuro tacto de mi cristal, que echa a temblar cada vez que sueño e imagino tu batir de párpados a mi lado, escapando y pactando un plan de huída hacia tierras lejanas donde seamos eternos mientras la luna baile en tus labios.


Autor: Ricardo S.T.

martes 4 de enero de 2011

Deseo azulado.

Y como te dije… Ponte en situación. Madrugada de enero. Tintes fríos se vierten sobre la ventana. Ojos entrecerrados, húmedos entre las pestañas que intentan robarme hasta la mañana siguiente. Febril humo que recorre verticalmente cada centímetro de mi habitación.

Devolviendo quehaceres a un sentimiento lleno de interrogantes azules en tus ojos, signos de exclamación oscuros en los míos. Formas redondeadas, felinas, atrapando visualmente un deseo.

Un deseo que me recuerda a situaciones frías, a recuerdos grises como el de aquel verano que nevó en mi habitación. Un deseo azul que hará que desee que te quedes conmigo mientras haces que cada página de mis libros sobrevuele y se tumbe sobre su tapa, dura y compleja con ribetes negros y dorados que embellezcan su torso.

Un deseo azul que remueva todos los folios del cajón, descuelgue las fotos colgadas de la pared y haga temblar la ropa tendida en el balcón.

Aquella sensación azulada hará de la calle un arañazo en mi cristal, un tiempo estancado en el que echarán a volar todas las palomas, se removerán todas las hojas a tu paso, se levantarán cenizas y humo de los cigarros fumados pensando en ti y cubrirán todos los paisajes, los veranos, los diciembres y los febreros, quemando con la ceniza el sol del ocaso y descubriendo que mi silueta sigue en tu suelo.

Necesito tus matices arrojándome por el acantilado de cada página azul que tintas con tu carbónico, necesito creer en ti, en lo que encontré aquella noche en la que música y conceptos de multitudes me echaron una mano y me hicieron tropezar contigo, con aquella musa azul, de celeste luz y roces de letras en sus manos. Hicieron que recordara que quedaban suspiros por los que enredarse con la multitud para verte entre la feroz marea de gente, pese a los empujones, pese a las miradas, pese a que tu azul me haga temblar.

Ésta podría ser la carta de un hombre que echa de menos amar mientras se cansa de maldecir los días en los que me dices que todo va a irme bien, odiar los segundos lamentándome porque sé que no me importa aquel que haga estremecer tus caderas ya que sé que eres mi texto, mi música, mi alcohol y mi melancolía. Mi recuerdo inerte y sobrio sobre el que despeinaría oro, sobre el que buscaría adivinar mi voz con tu voz en mi habitación.


Autor: Ricardo S.T.

martes 21 de diciembre de 2010

Nuestro turno.

Dejarme la noche callada, con estrellas rotas y madrugadas con humo temblando en mis ojos. Soledad ante el frío, imaginación para pasar un día más. Roces de manta y lápiz hacían del mundo uno diferente y lleno de sensaciones y presiones en el pecho, delirios en forma de vibración cada vez que respiraba hondo.

Asomado arañando el cristal, soñando afinar en la noche mis encuentros y despedidas entre gritos y tormentas, golpes de lluvia y multitud incandescente.

Se congela el sueño mientras derrocho mi noche mirándote desde la memoria herida. Fumo un cigarro para escuchar el perfume de tu luz manchado por escritos y fotos de tu última fiesta. Si suspiras esparces todas las cenizas que queman la nostalgia e impaciencia de un tiempo que, de momento, hace que crezcamos, dudemos y esperemos nuestro turno mientras nuestra vela alumbrada anochece.

Recordar como un verso poético cómo te conocí. Algo movió todos mis papeles y libros de mi escritorio. Algo hizo pasar las hojas de mis noches anteriores, de mis reflejos y matices olvidados, algo recorrió inesperada y dulcemente las cortinas, los espejos, mi música callada. Algo con susurros rubios que azuleaba por donde pasaba. Sé que entró por mi ventana al escucharme temblar cuando la dejé de par en par… Y así, sin previo aviso me puse a imaginar cómo sería si te quedases cada noche.

De vez en cuando recuerdo cuando la vereda de mi persiana estaba cerrada sin dejar que la luz cantase al albor. Ahora desafío, en el silencio, mi destino y solo pido que aparezcas sobre la rutina ofreciéndome luz y variedad.

Y como todas las noches desde aquella noche de aires ausentes, tú de nuevo incitando mis madrugadas, volviendo a hacerme creer que el carbónico se agota de tanto juntar letras con tinte dedicado. Vuelvo a echar horas a la coartada perfecta para raptar de nuevo un paraguas cuando chispee, para manchar, tal vez, una tarde gris e inconclusa de rojo color caramelo. Para recordar, a tu lado y junto a versos en prosa cómo la panza del horizonte de un cielo naranja puede ser solo rota por tus ojos al azulear.


Autor: Ricardo S.T.

miércoles 15 de diciembre de 2010

Mechón azul.

Excusa azulada que me enrosca entre tus mechones sobre el cuello y los matices de la curva de tu espalda.
Visiones de suspiros que estremecen cada vez que te conozco, que entiendo cada letra que expones sobre cualquier folio o servilleta, sola, con tu carbónico helado, dedicada tras sollozos inmensos que se mueven con dulzura tras el roce de tus lamentos.

Formas de mandíbula para enrojecer la noche y sus acordes… Para sentir el frío tras el cristal y cristalizar cada pestaña que rapta tus ojos hasta tan tarde.
Manto de luna y luz azul que cubre, tras cenizas y humo, una sed inconclusa y escandalosa de compañía alternativa huyendo de mi rutina.

Horas trasnochadas observando el baile de la bombilla en mi habitación. Disfrutando de la luz que se escurre entre la vereda de mi puerta esperando tal vez, algún día iluminar aquel camino que nos lleve hasta libros con musas azules que encandilen la parte bohemia de las situaciones más rutinariamente cotidianas.

Maldigo tu ausencia, maldigo los lamentos, maldigo la falta de sueños, maldigo todo lo que no haré. Maldigo la carta llena de heridas que no puede alumbrar al destinatario, maldigo mi voz sin tu voz. Maldigo todos los deseos que nacen en mi boca y terminan rompiéndose en mi copa.

Aunque quizás la vida nos deje como herencia un día en el que todo será diferente, con noches de otoño y marzo, verano y diciembre, noches robadas desde el tacto de tus manos buscando en mi ropa, todas las noches señaladas en tu portal. Madrugadas encerrados y liberados en un baile, en un sueño, en un coche.

Notar, quizás, el frío de tus manos que no cesa, la mirada perdida en una costa azuleada, observando cómo mil gorriones rompen el cielo naranja cada atardecer mientras dedicas tu vida a saltar, desde mi mano, a un roce dramático de versos en prosa.


Autor: Ricardo S.T.

jueves 2 de diciembre de 2010

Segunda edición 'Volviendo negro lo que corre por las venas'



Desde la editorial 'Bubok' se puede adquirir la segunda edición del libro 'Volviendo negro lo que corre por las venas' de Ricardo Semper Trilles, con contenido extra y mejoras en el formato físico.
También puedes hacerte con la edición en e-book descargándotela por un precio mínimo.


'Volviendo negro lo que corre por las venas' es una recopilación de los relatos más exitosos de Ricardo Semper Trilles, que reflexiona mediante experiencias biográficas los haceres del amor y su posterior declinación hacia lo importante en la vida de un adolescente.

De este libro se han vendido cerca de 60 copias, provocando que Ricardo Semper Trilles fuera autor destacado en 'bubok' en Julio 2010.

Para adquirirlo puedes hacerlo desde aquí CLICK Para adquirir


¡Muchas gracias por todo el apoyo que me dais leyendo mi primer libro!

sábado 27 de noviembre de 2010

Hacinada.

Demasiadas maneras de recordarte, de volver al lugar donde nuestros bocetos están rotos y arrojados por el viento.

Vuelvo a escuchar el olor de tu sombra, a llorar por soñar contigo en un lugar lleno de canciones… Canciones que nos describan, que nos cubran en invierno y nos quiten el chaqué en verano.

Pero hace demasiados ocasos que me pesa este fracaso y solo puedo ver correo sentimental a tu nombre, ceniza de tu cigarro quemándome la vida y mi casa repleta de fantasmas que tú dejaste en mi cama cada vez que provocabas que perdiera el norte.

El tiempo incumple lo que prometió y se equivoca y erra en tus ojos. Dejó de lado un futuro intacto.

Ahora no ves que la culpa te abriga, piensas que quedan muchas cosas por vivir, muchos encuentros y muchas despedidas. Pero no te paras un segundo a pensar que quizás la canción que buscas no está dentro de un cofre en una isla desierta, quizás esa canción que siempre o casi siempre has buscado está en mi regazo, en mi pelo, en mis ojos y en mis primaveras. No piensas que éramos eternos antes de que te hacinaras con otros amores; Que nadie te haga pensar que nuestros besos no fueron los mejores amantes cuando mi vida ardía en tus labios.

No me gusta pensar que lo cambiaría todo a cambio de que este jodido mundo terminara en mitad de nuestro abrazo.

Tus ojos, tu nariz, tu aro, tus dientes, tus pasos cansados, tus besos y yo encogido en ellos sabiéndome contigo. Mi recuerdo enroscado en tu silueta. Que se abran las ventanas y dejemos que se marchen.

La nostalgia sabe a promesas solemnes de pertenecerte de por vida.
Te dejo como herencia el olor a la tristeza, la utopía desdichada, el recuerdo de otros… Mi amor de cuerpo y alma y mi sonrisa en el suelo.



Autor: Ricardo S.T.

sábado 30 de octubre de 2010

Demuéstrame rápido.

Demuéstrame rápido, amor mío, que el mundo no roba recuerdos olvidados, que no todos los días son grises y llueve a cántaros mientras la vida se aleja.

Demuéstrame que nuestras cicatrices no queman con la lluvia. Hazme ver que los solitarios tienen una historia del futuro, un mañana con luces brillantes.
Hoy hemos de romper el pacto del planeta con sus mentiras, el pacto de la vida con la gente que espera, de las cadenas del corazón.

No me digas, amor mío, que no fue todo real. No me quieras decir que tus ojos eran un simulacro de vida real. No quiero imaginarme que no eran verdad tus labios ardiendo a la luna llena.

Tenías mis susurros abiertos de par en par. Hechizado por escucharte, creí haberme enamorado.

No digas que todo era mentira, los cigarros consumiéndose, volviendo amarillos los dedos y gris el pulmón, derribando torres de ceniza, esparciéndola con ayuda de presagios involuntarios que se enredaban desvaneciendo cualquier sombra.

Hoy me llega tu despedida sin palabras ni besos. Hoy busco una canción que describa cómo el mundo se volcó por nosotros y de qué manera te convertiste en mi obsesión.

No digas que nada era verdad. ¿Quién provocó que dejasen de haber motivos para posar rumores de victoria en nuestras mentes?, ¿Quién detuvo la ciudad por ti?, ¿Quién devoró nuestros deseos?

No me importa quién te haga estremecer, quién mueva tus caderas o a quien regales tu voz febril mientras pueda quemar alguna noche mientras yo te miro.

Hoy mi ceniza dibuja un cielo en mis ojos, dibuja la silueta de mi cuerpo tumbado en el suelo.
Hoy la ceniza se amontona en mi pecho, rasgándolo y liberando mi corazón, que echará a volar como una bandada de gorriones.

Te imagino recorriéndome el cuerpo con tu voz, haciendo temblar mi ropa y bailando en mi boca, parándome el mundo… Y así pasaban lentas las horas hasta volver a escuchar tu voz.

Hoy dejaré la ventana de par en par por si la bandada de gorriones vuelve congelando sueños. Miraré a la ciudad con aire preocupado y alumbrado por la luz del ocaso.

El mundo se enferma mientras anochece cuando el llanto violento cose mis pestañas.


Autor: Ricardo S.T.

martes 12 de octubre de 2010

Piscis.

Cielo con amenaza de nubes cargadas de incertidumbre. Lluvia esperada que cubriría de esperas, preocupaciones y lágrimas un camino de vuelta a la felicidad, descubriendo unos nuevos fugitivos, huyendo de la mano hacia nuevos proyectos de vida real, corriendo a través del aroma a hierba mojada y haciendo saltar de nuevo ese brillo embriagador y cristalino de ojos; ilusión por un nuevo día y una dinámica basada en un amor incandescente.

Empezamos con la noche caída y un mercurio doblegado y emergente, propio de mitades de Octubre.

Te esperaba mientras te buscaba entre la multitud, con mi ya tratado baño en un mar de ginebra. Te saludo, sonrisas. –“¿Qué tal?”.

Provocas arcoíris cerca de mis pupilas.
Unas pupilas dilatadas por un foco de luz de la orquesta instalada en la plaza, viendo como el blanco, el verde, el rojo y el amarillo se enredaba en tu cabello a ritmo de salsa cubana, la cual ya demostraste que dominabas mucho más que yo.

Dos besos, -“¿Tomamos algo?”.

De nuevo quería embarcarme contigo, a tu lado, por aquel mar de ginebra (y RonCola) en el que no tenía previsto encallar.

Mártir del sentimiento intenso, viviendo el momento y descubriendo matices de una conversación indirecta, contexto en segundo plano y miedos recorriendo de forma punzante mi espalda.

Conversación estancada entre vasos de tubo e ilusiones medio deshechas, como aquel hielo que hacías rodar con interés aguando tu decente copa.

Melodías envolventes al proponerme descubrir nuestros proyectos. Compañías de terceras personas que no ayudaban a soltarse y un ambiente poco idóneo hacían ver que tal vez mi recuerdo no estaba dispuesto a tener aquel local como el lugar definitivo y recordado con auroras de encanto y roces de manos.

Nos quedamos con una idea basada en el encubrimiento sentimental, una idea que traicionaba a la luna, movimientos torpes y un estudio de mis palabras para intentar convencerte de firmar un pacto para ese momento: Que no se acabara nunca la noche y recortáramos las distancias físicas más veces que de vez en cuando.

Entramos en un nuevo garito, uno muy bien puesto y con música que obligaba, por suerte, a hablar cerca del oído para poder ser escuchado.

Intensificación de la piel al compartir un rojo sofá, en una esquina y con la compañía de una vela consumiéndose y supurando cera líquida.

Otra vez no dudamos en tener como amistad a un vaso de tubo, con su hielo y su mar de ginebra para seguir buscando la tónica conversacional que pudiera, quizás, acercarme un poco más a tu corazón, bombeante y guardado con candado bajo llave.

Temblores en las manos, trago al gintonic. Fumo un cigarro y veo como vibra el humo de mil pitillos en el ambiente. Respiro hondo. Me sincero. Risas, nervios, prisas, miradas. Un ritual que provoca que me ponga tenso, buscando un sentimiento similar en ti. Beso. Besos. Mano en la cabeza y yo con mi tensión en la piel.

Trago y roce de cubitos en tus labios.

No oigo la música, no veo a la gente, la vela se ha apagado y tú sigues a mi lado, muriendo de nervios, contenta, preocupada… Me pides tiempo. Me arrojas hacia un posible futuro, sin visiones de proyectos que se esfumaron con conversaciones que intentabas fueran coherentes.

No sé cómo hacer que te dejes convencer de que podemos tener fe haciéndonos cargo de este sueño, sin posible fracaso y con lecciones aprendidas.

Me miras, así tan duro y tiemblo. Me apartas al cajón de los quizás, del plan B, de estructuras sentimentales. Me miras y quiero volver a besarte, a regalarte nuevos abrazos y seguir intentando huir de la mano al precipicio para no volver a soñar, ya que convertiríamos lo soñado en real.

Es hora de despedidas, sin canciones de amor y sin fechas marcadas en el calendario.

Dos besos. Dos, rozando tu mejilla y acordando futuros “hablamos” o “ya te llamaré”, recordando la tarea de completar tu canción, mi canción… La nuestra.

Salgo del garito, encallado. Y veo que la amenaza de lluvia ya moja el asfalto con una manta de desencanto empapado.

Fumo un cigarro esperando que la ceniza y el humo me digan que las cosas van a marchar bien, que abrazaré de nuevo la curva de tu espalda y que quizás, alguna copa decente venidera haga salir el sol apartando nubes y fracasos.

Mi caminar cabizbajo, empapándome y provocando coronas de agua. Agua sin truenos, ni relámpagos que iluminen el cielo gris.
Hoy volveré a soñar con proyectos, volveré a ilusionarme con posibles caminos a recorrer juntos, quizás con aprender a bailar… Pero a sabiendas de que son sueños de papel, fáciles de que los cojas y arrugues, arrojes y mojes. Aunque no está todo perdido, dejaré mi ventana abierta de par en par por si decides volver de repente. Recuerda que hay alguien que piensa en ti, y sonríe pensando que aquellos proyectos y sueños de papel pueden ser reales y así provoquen que pueda dormir a una hora decente, sin ver cada día como las veredas de mi persiana se inundan de naranja amanecer, de un despertar luminoso que refleja en mi cara y me hace saber que todavía he de estar volviendo negro lo que corre por las venas cada noche de mi vida hasta que tu pálpito reaccione a mi favor. Al favor de la Luna.


Autor: Ricardo S.T.

martes 14 de septiembre de 2010

Sense cap tipus de motiu.

Sense cap tipus de motiu aparent el cigarro de les cinc i mitja de la matinada em porta records teus, records de platja i estreles reflectides en el mar.
El fum boira l'habitació i provoca que vullga tancar els ulls fins i tot sabent que si ho faig et continuaré veient encollida als braços d'un altre noi.

No hi ha manera de saber com fas que s'encollisca el meu cor si recorde la força d'un puny alçat o una llengua treta mentre la fotografien.
No comprenc per què he de notar el buit a la meua gola i tindre la necessitat despertar-te, recordar-te que existisc i intentar raptar-te una vegada més.

No em reconec a mi mateix, mirant espantat com es consumeix el cigarro, pensant en, potser, pèls enroscats atrapats per anells detallats o mirades que es confonen amb el rumor de les onades d'aquella platja on et vaig besar.

El rumb de l'existència sobreviu a base de cendra, aguanta il·lusionat amb peus soterrats en arena o pedres amerades per la humitat nocturna.
Tinc por de donar l'última calada sense possibilitat de seguir sorprenent-me cada vegada que em gite i somni amb tu pujant al meu cotxe, o contemplant la panxa de l'horitzó marí tan sols trencada per aquell petrolier.

No entenc com se m'eriça la pell si penso en un possible rescat en alta mar, o com m'estreny el nuc de la gola si imagine un naufragi que provoque marejada negra.

Mirada dèbil, parpelles necessitades de son, la televisió encesa, el llit cridant-me i jo amb la força i el desig de veure't demà, radiant i feliç amb les teves innumerables arracades, fregant, tal vegada, la mateixa brisa que coincideix en la meua direcció, escoltant, potser, rumors als que faces cas.

Eixos rumors et demanen que et jugues la resta amb mi, apostes fortes per la mà dèbil.
Eixos rumors et demanen que t'atrevisques amb el xic de negre, sabates de vestir en la platja i cervesa calenta com a única opció alcohòlica. Et demane que et deixes raptar de nou, fora de complexos ni conversacions alienes a nosaltres. Els rumors no volen que aparega eixe petrolier que em llevava temps de pupil·les dilatades i besos tacats de salnitre.

Sis del matí i puntes de cigarret doblegades, encorbades dibuixant el fons del cendrer. Somni amb què el Sol em diga clar què fer, si deixar que futurs vinguen senzillament… O jugar-me el tot a l'anomenada mà dèbil, apostar-ho tot. Tal vegada siga una mà guanyadora i, llavors sigues tu la que m'oferisca alguna que una altra cervesa freda en qualsevol racó. O tal vegada siga només il·lusió i massa fum en la meua habitació.


Autor: Ricardo S.T.

lunes 30 de agosto de 2010

L'estrela roja.

Puc comprendre que tal volta no fos el teu paisatge perfecte, també puc assimilar que no volies escoltar el rumor de les oles que trencaven al apropar-se a les pedres que ens rodejaven. Però, amb tot, el refleix de les llums nocturnes d'un petroler que estava situat a l'horitzó, just trencant la barretja de mar i cel i la llum incandescent de la lluna fa que somnie cada nit amb els teus ulls, acurrucats i mirant-me radiants mentre que ens mullavem la roba per la humitat de les pedres de la vora.

El teu somriure em va fer viure una necessitat innata, una voluntat d'escoltar la teva veu més a sovint, una necessitat que fa que la teva companyia siga imprescindible per a un futur paisatge en el que tu i jo siguem part de la nit, siguem, per fi, un eco tènue continuat.

Continue somniant si et mire… No vull que sigues un mirall perdut. Vullc vore'm cada nit en les teves pupiles i celebrar-ho junts amb llitres de cervessa freda.

Vull millorar al teu costat. Vore't com mous el teu serreny quan et rius, com traus la llengüa si et fan una foto o tornar a sentir el salnitre als teus llavis.


Autor: Ricardo S.T.

domingo 15 de agosto de 2010

Plaza.

Ponte en situación: Estrellas que se esconden tras las nubes que rompen la noche…
Una plaza empedrada y melodías etílicas correteando por las caderas de los espectadores.

Diez mil pensamientos cruzaban mi cabeza esperando a que se encendiera la chispa que desatara la noche.

Fiesta, guirnaldas de verano y brindis por la amistad y por el amor y sus fracasos.

Y entonces te veo entre la multitud. El aire no corre, la música se para. No hay grillos cantando ni nadie a mi lado. Solo está tu pelo, ondulado y suelto balanceándose, y tus ojos cansados, tus labios mojados.

Flotas cuando bailas, y lo haces en diapositivas mientras la música corre entre tus caderas y el alcohol fluye por tus venas.

Sombras y vaho a tu alrededor, miradas al cielo y suspiro al suelo, cuatro de la mañana.

Reacciono y la música golpea mis oídos, pestañeo y no puedo dejar de seguirte con la mirada. Me acerco a ti. Algo en mi pecho se tensa.

-¿Cómo estás?- Sonrisa.
Escucho el rumor de la gente mientras te beso en la mejilla. Adoro tu perfume. Te tengo otra vez cerca después de perderte a miles de kilómetros lejos de este continente.
-Nos vemos luego- Te digo.
-“Adiós”-respondes.

Te quiero… Me lo callo.

Y de tanto tensarse, lo del pecho se rompió.

09:30 de la mañana, el sol golpea en mi ventana mientras pienso en paisajes pasados, ritmos futuros, y tú a mi lado y muriendo de sueño.



Autor: Ricardo S.T.

lunes 2 de agosto de 2010

Agosto para ti.

Sensación de presagios otra vez bajo nubes nocturnas. La consolidación de la soledad con tu recuerdo que provoca llanto y dolor.

Bajo la madrugada, el dolor se enrosca en mi garganta porque no puedo encontrar la parte afín que me completa, la parte que me haga conseguir poder olvidarte.

No puedo descansar, ni recostarme sobre la almohada, ni siquiera intentar seguir con la mirada a un grupo de gorriones que rompe el cielo naranja sin que tú me nubles, porque estás constantemente en mi cabeza.

Quiero poder conseguir que no me sufra el corazón cada vez que coincido contigo por la calle. Es entonces cuando pienso si cambiar de acera o saludarte, tentar a la suerte esperando respuesta. Ponerme enfrente tuyo mientras mil nervios sacuden mi espalda.
Preguntarte con boca cobarde cómo estás y soñar con un abrazo con el que poder resignarme y volver a rozar tu pelo. Quizás mojarte la camiseta con unas cuantas lágrimas y decirte que cualquier día de estos, de sol y Agosto, sería bueno tomarnos algo en cualquier garito. Tal vez estrechar pupilas y hacerte saber que quise ser eterno junto a ti.

Pero hay silencio y distancia si nos cruzamos. No hay ángeles que sacudan el cielo ni sueños terrenales que hagan que la ciudad se pare, que las aves dejen de volar y la calle se calle y deje de gritar… El mundo no se estremece ni se gira a mirar que estamos solos tú y yo, y nada más.

El viento tampoco se para. El aire no deja de correr. Seguiré esperando entre las veredas de mi persiana que la noche ambiente mi habitación. Seguiré escribiendo tendido y deshecho sobre la cama, esperando que el destino se despierte y te haga leer mis letras… Y te quedes pensando, quizás con la mirada perdida si al verme seguirás de frente o te detendrás a ver cómo afectan las estaciones a nuestro árbol, otra vez.

Quizás los días sigan siendo grises e iguales, llenos de calor que sobra y hojas verdes.
Quizás con el frío y las chaquetas llegue un temporal donde necesitemos algo de calor, ese que tanto echaremos de menos… Ese que tanto nos sobra ahora.

Y la Luna y las estrellas ya no dicen nada porque tú no estás a mi lado.


Autor: Ricardo S.T.

lunes 28 de junio de 2010

Milana y la Luna.

Las Milanas te dejarán la vida de lado, azuleada y llena de llanto y rencor. Milana te enroscará con violencia todas las venas y arterias de tu cuerpo, amarrándolas con exacta lentitud a la mirada arrasadora que quema tus pupilas. Te abrasa las pestañas inflamando tus párpados. Araña tus labios, desgarra la carne con cada beso y te destroza por dentro.

Milana deshila tu camisa, te desabrocha el cinturón, se contonea entre el hueco de tu cintura, roza con su nariz y lengua todos los ecos de sensaciones de emociones… Hasta que te mutila el alma. Hasta que ves que su pelo rubio, moreno, castaño o pelirrojo besa las carnes de otro naufrago, muerde los momento de otro reloj y regala deseos por su boca azul.

Milana es jodida, nos matará toda la vida.

No te fíes de nuevo de la Luna, está encaminada a confundirse con Milana. La Luna te irradia, la Luna te machaca la laringe, crea vacío en tu garganta y te apuñala en el estómago, haciendo que quieras amar de nuevo a Milana. La Luna te susurra sensaciones al lado de Milana, te recuerda paisajes y suertes de otros tiempos, te recuerda como te cogía de la mano, o te besaba. Te recuerda cualquier suelo embarrado, cualquier vaho o cualquier veleta. Te recuerda cualquier pista de baile, te besa en el lóbulo de la oreja, silenciosamente te lleva hasta los ojos de Milana, azules y negros, verdes y oscuros, y hace que deslices tus dedos entre su cabello, huelas su perfume y te desmayes entre sus pantalones, rojos, y verdes.

La Luna te mata con cada recuerdo y consejo que te da. Te ofrece veneno a cambio de la muerte, no te deja elección. La Luna es la parte territorial de Milana. La Luna también es jodida, nos joderá toda la vida.

Pobres azuleados de nosotros, embaucados entre sus cueros o marcados por sus pantalones. Somos mercancía barata de oportunidades, somos víctimas de los atentados de Milana. Somos los que se han dejado engañar por la Luna.

Somos jodidos. Quiero olvidarte y estar contigo.


Autor: Ricardo S.T.

sábado 26 de junio de 2010

Volviendo negro lo que corre por las venas.


Volviendo negro lo que corre por las venas, de Ricardo Semper Trilles.

La memoria biográfica dedicada a los amores hacia las diferentes ‘Milanas’ sigue una línea irregular de estados, sentimientos y emociones hasta llegar a un punto en el cual sabemos que no debemos mirar a la Luna, sino que hemos de seguir rompiendo los lazos que nos atan a nuestra Milana particular y descubrir dónde está nuestra salida emocional.

Disponible en Bubok.

sábado 19 de junio de 2010

La Luna haciendo candela de día.

Ahora sé que debo sufrir a mi manera, porque necesito respirar, rompiendo cualquier motivo por el que estremecerme. Sin tener en cuenta cuando mi corazón se enrosca en mi pecho, sin hacer caso al vacio de mi garganta, punzante, ni a la luz que me desespera.

La vereda que resuena no para de gritar para encontrar mi destino. La luna haciéndome candela y mi piel activándose. Lucero que me llama a la locura rubia. Sigo estando vivo a pesar de desanimo, sigo enamorándome de ese brillo mágico tuyo que me hace vibrar. Y tus ojos son solo humo en mis pupilas. El infierno de la poca distancia que no puede retorcer la idea de condenarme por un beso.

Sensación de emoción si te noto a mi vera… Pero sin oportunidad de estar cerca de tus labios, de tus pecas, de tus estímulos que me provocan sin rechistar… De tu pelo, de tu espera haciéndome otra candela de deseos mientras la Luna me ilumina.

… Y al día siguiente te conviertes por deseo expreso de las estrellas en una de esas Milanas, una Milana más o menos rubia, que me arrancan la piel pero no puedo dejar de ver… En una de esas que se pasan su vida entera volviéndome negro lo que corre por las venas.



Autor: Ricardo S.T.

sábado 1 de mayo de 2010

Ver tu nombre por mirar al cielo y descubrir la frialdad que le rodea.

Ver tu nombre por mirar al cielo y descubrir la frialdad que le rodea… Y no poder encontrar el significado, no poder buscar el porqué del dolor en mi garganta ni del frío que desprendo al acordarme de ti.

Ver tu nombre palpitando matices y estrellas que me hacen recordar como la mentalidad de la luna velaba por nuestro futuro, impaciente de besos, impaciente de ambientes idílicos llenos de perfección y bienestar a tu lado.

Párpados rendidos sobre mi pecho y la idea planificado de agotar nuestros cuerpos en el cielo de nuestra cama, con sensaciones de emociones palpables en nuestras caderas.

Verte mover de nuevo la cucharilla a conjunto con cafés y conversaciones que esperan estrellas nocturnas que vengan a cuidar de nosotros. Ver tus verdades enteras. Ver que no somos la copa rota ni la sangre que desprende la canción de nuestra vida.

Estremecerme al recordarte y querer olvidarte. Olvidarte y pensar que me equivocaba cuando prometí que seríamos eternos.
… Dejar de ver desde que supe que ya no me querías.

Abrir la ventana y escuchar el viento que susurra entre las rejas, las paredes, las hojas de los árboles, las miradas, los juegos, las mentiras, los besos… Cerrar la ventana y escuchar el ruido… El ruido del pasado. El ruido de tu risa. El ruido permanente de tu recuerdo.


Autor: Ricardo S.T.

domingo 4 de abril de 2010

La luz que llora.

La luz que llora, reflejo interior buscado desde la armonía de la felicidad.

La tele apagada, mi cuerpo muriendo y sonando música. Un rostro delante de mi reflejo apagando la luz. Otros paisajes me atan un nudo en la garganta… Y no me atrevo a decir nada porque tus ojos, sin duda, son para mí… Aún tan cargados de oscuridad ni nostalgia.

Y ayer por la noche estabas como entonces, casi igual, pero había distancia, tiempo pasado y muchos errores que provocaban interrogantes de jóvenes promesas.
Ecos de susurros. Agárrate de mi mano, que tengo miedo del futuro.

¿Para qué levantarme mañana? Brillante y solar golpeando la vida, golpeando silencios y haciendo que se vea más tu ausencia.
Cerré los párpados, intentando que una brisa encogiera en mi mandíbula y se enroscó en tímidos llantos. Se erizó el vello y la piel se estremeció. Ya no grita el frío, ya no corre el viento, pero la cortina insiste en que otro movimiento sin inventar es posible, y baila… Y baila y sortea matices de color y motas de pasión unidas a los desarraigados victoriosos de una noche de ofrenda a la soledad.

Todas las madrugadas con sus horas y manijas recorriendo fueron pasadas dentro de mi cama, inundándome en el novel de la moral de nuestro sexo, sabiendo que ya nada justifica nuevas puertas ni delirios post-venta que hagan que se rompa nuestra hoja de reconciliación.

El espejo del baño grita por mis ojos rojos, levantados y conjuntados con cejas oscuras, latientes a ritmo de llanto y silencios.

Pupilas brillantes encima de la cama.
La mano izquierda sujetando mi cabeza, la derecha detalla todo aquello que mata. Caen gotas encima del papel.
Contorno púrpura absorbiendo el fin de la noche cuando resuenan y hacen vibrar las paredes de mi habitación las siete “ante meridiem”.

Hoy hemos llenado la copa rota, hemos abierto la puerta a situaciones peligrosas y no existían lluvias ni lunas a las que lamentarse.

Un bostezo ausente recorre la pared dedicando sueños a tus huellas.
Y afuera no hay dudas a las que rozar ni ventanas por las que verte y descubrir que tú también echas en falta que la primera reflejada solar venga con noticias reconciliantes mientras te tomas el desayuno.

Gotea la memoria si recuerdo cómo tu boca me provoca si me toca, me ríe o me destroza… Y hace sombra la tele encendida; compañía la manta en el sofá; Melancolía encendida… Las ganas de llorar.

Sonidos de noche con matiz marcado situando acciones en una cuenta atrás que provoca que nuestros cafés discutan por no coincidir en el color de la taza y todo eso sabiendo que aunque en el infierno, queremos que sea eterno.

Las letras sirven para dejar el frío de lado y que abrazos desaparecidos puedan cambiarse por el tinte negro de mi carbónico… Aunque no quede manchado de ti, aunque sepamos que sin verbo no hay acción, y sin acción no hay frase que cree adicción.

Quiero restar Febreros junto a ti, que no haya duda de mi continuidad vital durante todas las velas por apagar.
No sé cómo decirle al brillo mágico que alumbre nuestro camino, ni de qué forma decirte que me aprietes muy fuerte la mano y no me sueltes nunca.

Si se callase el frío tendría una excusa para abrir la ventana y que las cortinas pestañearan dando paso a lágrimas infinitas de viento. Si se callase el estruendo podríamos escuchar como caen los pecados en el cemento de la ciudad. Quizás, si se callasen todos esos murmullos de ojalás podríamos soplarnos en las heridas y comprender que somos iluminados por la luz de la diferencia.

Quizá, si se agrietase la luz de nuestra utopía podríamos hablar de nuestros abrazos, de nuestros párpados rozándose. Que tu voz rompa esta sordidez hablando de nuestro amor imperfecto.

Si pudiese abrir la ventana y dejar entrar sueños, quizás entenderías que nos queda la esperanza.
Y que somos eternos.


Autor: Ricardo S.T.

sábado 27 de marzo de 2010

Puntos luminosos.

Porque la luz refleja sobre el escritorio. La cama por hacer y la medianoche pasada hacen que las letras quieran salir a bailar.

Tu recuerdo en mi almohada sigue intacto, esperando a que lo visites de nuevo. Y yo, cerrándole las puertas al pasillo veo como la oscuridad me invade, siento que llevo dentro la melancolía que existe en cada hueco que deja cada una de las estrellas que hay si provocas una mirada alta.

Una atracción uniforme recorre las estanterías, recorre cada partícula de sueño que viaja por mi cabeza; Viaja a través de las paredes, descubre los armarios y los cajones parpadean… Un pasillo de oscuridad innata rodea cada minuto de mi reloj.

Un paso hacia el pasillo y ya no hay vuelta atrás, nudo en la garganta, chapurreo de lágrimas en las pestañas y escalofrío en la espalda. Pongo la izquierda delante y doy otro paso. Caricias a mi alma, vello erizado y luces oscuras que pasan al revés del sentido común.

Mitad de camino, cilindro opaco de sensaciones que me aportan temblores al cuerpo y sollozos de incoherencia.
Paisaje ciego. Sin luz ni formas existentes. El color más oscuro crea un dominio superlativo, una superioridad dictatorial.

Incandescente negro me funde conforme avanzo. Mis pupilas se contraen al ver puntos blancos mezclándose entre sí. Pequeñas partículas omnipresentes en constante movimiento cruzándose por el vacío universal de mi pasillo.

Las luces se hipersensibilizan haciendo juego con mis sentimientos, abrazándose con mis emociones y salpicándome de calma.

Las luces se hiperactivan. Su estela es eterna y llega la primavera personal para cada una de ellas. Todo se llena de color sin luz. Son colores fluorescentes que han desterrado al blanco y se divierten contando pasiones.

Me acerco, estoy cerca del final del pasillo, lo sé porque las luces van a compás de mis palpitaciones. Dudo si las luces serán el todo o no serán nada. No sé si son luces.
Me acerco y las cogen forma. Se movilizan y mi vello desciende hasta rozar mi piel. Mi cuerpo levita entre densas caladas y gritos de silencio.

Quiero tocar las luces, pero no puedo… No son luces. Cada punto se alinea para formar un espectáculo floral que hace emanar vitalidad y una compasión mortal. Cada punto de luz es una flor. Hay de todos los colores, blanco, verde, amarillo. Es una fiesta multisensioral.

Elijo una rosa, elijo un color, el blanco. Me recuerda a ti, me recuerda a mí. La rosa blanca hace que mi sábana recuerde la sinfonía de amor que rodeaba nuestros cuerpos prietos.

Sus pétalos son aterciopelados, flexibles. La rosa se abre y se cierra cada segundo. La rosa me invita a bailar y consigo raptarla para llevársela a mi corazón.

Vuelvo atrás, las flores son puntos de colores, y éstos, con los pasos, son puntos inertes.

Abro la puerta de mi habitación, veo que el Sol ha amanecido antes solo para anochecer más pronto. Cae el Sol, cae la Luna, cae la oscuridad y con ella, la luz. Cae mi mundo… Pero yo me acuesto, quiero soñar. Me giro y de repente te puedo besar. Mi almohada nos felicita.

… Quizá mañana ponga una luz en mitad del pasillo.



Autor: Ricardo S.T.

lunes 22 de febrero de 2010

Disfrutando de la oscuridad que hay entre las sábanas.

Disfrutando de la oscuridad que hay entre las sábanas, viviendo una realidad alternativa con unas características relativas. Estaba soñando que soñaba y no despertaba si no era a tu lado.

Oigo que me muevo y siento que te llevo dentro. Terminé el día cuan la flor se abre y se lava la cara. Terminé la noche pensando que te echaba de menos.

Una presión me despertó. Pálpito. Me giré… Tu figura. Creí que los sueños aun jugaban conmigo. Nada más lejos de la realidad, me desperté soñando. Sonrisa, vente a mi cama. Beso. No lo puedo creer.

Quédate a vivir un millón de años entre las dunas de mi cama. Nos enroscaremos eternamente y bajaremos la persiana. La reflejada solar no existirá para nosotros y renaceremos existiendo entre las estrellas, los cruces, las puertas, las luces.

Tu río moreno resbala por mis dedos. Tu calma me altera. Te sobra el suéter.
Recorro tu cintura con exquisito interés sabiendo que nos dejaremos llevar cogiendo las riendas de nuestra rebelión emocional mientras subo tu camisa. El instante, el ambiente, nuestro presente… Estoy impaciente.

No me importa nada mientras estés en mi cama aunque la que sale del Este golpee la ventana a las tres de la tarde. Para mí estamos de Luna llena esquivando las estrellas y moviéndonos por la silueta de nuestra voz.

Besos en círculo, se estropea el reloj. Apriétame bien la mano, que ya no veo. Las hojas del calendario se queman. Tu cadera insiste: “Sácame a bailar”; Rózame el alma, lléname de besos, líbrame de rezos; Alma rota, no queda ropa; Sabemos lo que siento porque vivimos el momento. Sabemos lo que sientes porque disfrutamos los instantes.
Miramos el edredón y preguntamos decisiones al termómetro.

Cinco de la tarde, no vemos la distancia, tu cuello arde, llegamos a la esencia.
Clavas las uñas, miras tus párpados, las caderas juntas… Llevamos horas sin estar parados. Jamás querremos estar separados; quedamos atontados, nos aprendemos todos nuestros lados.

Siete de la tarde, tu ombligo persiste: “Invítame a amar”. Tu mano, mi brazo, la sábana, me cubres, me abrazas, te enroscas en mi regazo.
Me besas. Sueño, almohada.

Nueves de la mañana. Te espero en mi cama. Hoy no vienes, hoy no hay revolución.

Miro la manija de mi puerta, hoy no se gira para darte paso. Miro mi cama, hoy es demasiado grande… Si no es a tus ojos dejo de mirar… Porque tus ojos no son de este mundo.

Tres y media de la tarde. Mi corazón insiste, me dice que te tengo que llamar.

… Y es que, ya no sé vivir sin ti.



Autor: Ricardo S.T.



Próximamente saldrá a la venta la primera publicación que recogerá algunas de las mejores novelas escritas por Ricardo Semper Trilles. Una recopilación que estará en breve en el mercado online y en tiendas físicas.

miércoles 23 de diciembre de 2009

El árbol.

… Y… Él se encontraba quizás con el rumor de las hojas de Octubre cayendo sobre sus hombros, mirando al cielo y sintiendo el fresco que acuchillaba su cara al son de lluvias que no llegaban.

El árbol amarillentaba sus hojas y olvidaba el calor y su metamorfosis de meses y temporadas atrás. El árbol se moría por su primavera.

El proceso era el propio y el pensado en rigor de lo sucedido. El llanto desconsolado provocado por el proceso caducifolio solo hacía que agonizar la corteza circundante.

El árbol aceptó su condición de caducifolio y pensó que le quedaban los pétalos de las flores de debajo de su tronco. Las flores eran unas vistosas, de pétalo asimétrico pero de nulo aroma, su fotosíntesis nunca llegaba y eso hacía que el árbol las marchitara pensando en su amada luz, esa tan clara y solar.

Esa luz le había rozado sus hojitas mucho tiempo atrás… Le visitó en primaveras florales y en áridos veranos donde el árbol notaba como el calor hacía que la luz le quemase.

El árbol crecía rozando y haciendo caso omiso a los que venían a cortar sus ramas, a podarlo. Los podadores decían que si no se le podaban las ramas secas, cuando llegara el invierno el árbol no podría aguantar ni tanto peso ni hacer frente a tanta energía sávica necesaria. Pero el árbol crecía y se estiraba en busca de la reflejada solar arriesgando sus apuestas.

Pasaron los días y “la brillante” desapareció, cambiándose por nubarrones que olían a gris. Las hojas empezaron a caer mientras los arbustos al moverse soplaban vientos. Un olor a humedad invadía el bosque. Las plantas se refugiaban como ancianos encorvados mientras el árbol esperaba a sabiendas de que la luz había dejado paso a la sombra inerte de la guadaña.

El árbol soportó vientos y lluvia, vivía con el pasado al frente y el futuro eternamente amarrado al presente.

Los frutos del resto de los vegetales ya eran grises y amargos. Los de nuestro árbol no, aún conservaban el tinte de tus labios, el sabor de tu piel…

Se notaba en el ambiente sensaciones de cambio.

Los árboles ya le habían hecho un camino a Caperucita, llena de la luz y color. El lobo acechaba oliendo a Noviembre. Nuestro árbol débil, sin corteza externa, conservaba sus hojas, cabizbajas parecía que la tierra les llamaba a gritos.

El cuarteto de cuerda de la B.S.O. de aquel día se unió con el viento reinante y acordaron que escribían una canción con rasgos melancólicos que hiciese mirar al cielo, y descubrir una estrella…

Su música triste se llenó de color.

Las hijas recobraron vivacidad y vibraron saludando de nuevo al sol. El árbol se dejó regar para sentir las partículas líquidas moviéndose por sus rugosas capas y sabiendo que tenía que crecer más; tenía que tocar el corazón de la luz. Y creció, y lo tocó a la luz de la luna de un Noviembre precioso.

Todos se habían dado cuenta menos nuestro árbol…
Nos entristecimos con su proceso caducifolio sin habernos dado cuenta de que nuestra hoja ha sido, es y será siempre perenne, siempre junto a su amada luz solar.

Con esto llegó el invierno. Chaquetas que se atan tan preciosamente son regaladas por Navidad y Diciembre coge cierto toque mágico, tanto que el árbol y la luz decidieron dejar de contar estaciones y meses y empezar a contar por años.


Autor: Ricardo S.T.

lunes 30 de noviembre de 2009

Un ambiente gris y húmedo. Y flores. Y mantas.

Un ambiente gris y húmedo. Cerca de las nubes dada la altura y con pestañas aun abriéndose.
Por las ranuras de la persiana todavía no se filtran los rayos de sol y ya se nota una sensación de periódico y café.

La ciudad se despierta y nosotros echamos vapor por la boca a la vez que nos acurrucamos en el banco de madera con detalles negros. Delante una mesita con dos cafés, uno con sacarina y unas galletas que no probamos.

Medimos con delicadeza el trocito de manta que nos toca a cada uno. Una manta que por la noche picaba y por la mañana salvaba.
Te cojo de la mano por debajo de la manta de cuadros y me miras. Te sonrío y los dos juntamos nuestras frentes sabiendo que aquella imagen es la que queremos, esta imagen llena de flores, terrazas, cafeterías abriéndose y lecturas de entrevistas de “El País” es un detalle que queremos en nuestro futuro.

Tu casa, mi casa, la nuestra.

Mientras, apoyo mi pie en un tronco hecho a medida y dejo que mi café se enfríe un poco. Veo que cierras los ojos y suspiras levantando la cabeza. Tú sonríes.
Hago lo mismo, suspirando aun más fuerte y el aire fresco me recorre de arriba abajo el cuerpo desde las alturas; un cuerpo que esa noche vibró y soñó.
Brillabas haciéndome sudar y notando como éramos uno, como ya no había distancia entre tú y yo, que nuestra respiración y movimientos iban a compás del viento y el frío hacía calentarnos aún más.

Acercamos nuestras caras, nos miramos con los ojos cerrados, sintiéndonos y derrochando abrazos y besos. Te retiro el pelo de tu cara y te mojas los labios. Parpadeas y haces que me olvide del exterior y provocas que me caiga por el acantilado de tu ombligo.

Bailas y me amas con modelito de seda negra y pestañas embellezadas.

Todos los caminos que tomo me llevan hacia tus caderas y me deslizo por tu cuello y por mis sentimientos. Ahora todo vale, ahora volamos, ahora estamos tú y yo te estremeces y se te eriza la piel. Una presión hace que se me contraiga la espalda y me siento total y absolutamente en tus manos y a tu parecer. Nos miramos, las ondulaciones de tu pelo se funden en tu mirada, mis ojos sonriendo en tu cara, la noche, las luces del recibidor, la calefacción al máximo, tu boca, mi cuello, tus besos, mi cuerpo. Llegamos al clímax. Suspense embriagador de emociones llenas de éxtasis... Apoyas tu brazo en mi regazo y te deslizas a mi lado.

Soñamos y acto seguido nos amamos.
Rozándonos. Queriéndonos. Para siempre.


Autor: Ricardo S.T.

domingo 25 de octubre de 2009

Trescientos sesenta y cinco días.

Y llegó la noche. Noche en la que ciertas cosas no han pasado como pensaba y otras tantas no estaban pensadas como quería…

Estabas de nuevo, tú, tú, tú y también tú. Movimientos escandalosos para mis sentidos te rodeaban y quizá el leve contoneo de tus pendientes al vibrar hizo que solo me fijara en un punto de entre miles de personas, en el único punto con el que soñé y sufrí. Ese punto eres tú, y tú y tú y también tú…

Ya no es lo mismo, intenté batir el velo que te separó de mí demasiadas veces antes de esta noche y siempre con el mismo esperanzador a la vez que fatal resultado. Hoy no, hoy hacía trescientos sesenta y pico días que fui feliz.

A día de hoy ya no te sirven (ni me sirven) las miradas, los reflejos, las sonrisas y el sentir de nuevo tu piel cerca. Ya no me sirve tenerte demasiado cerca como para olvidarme de todos menos de ti puesto que ya sé donde está el final de tu camino.

No soy yo la silueta que hay esperándote al borde de tu camino. Al borde del mío si hay una silueta y juré que era la tuya.

Tan cerca del amanecer y aun planteándome la noche de demasiadas maneras…
Esta noche es atrevida, esta noche es novedosa y colocadora de un cierto caché al portador de sus emociones. Esta noche ha determinado muchos matices donde la música hacía vibrar y gritar al son de besos dibujados y labios cerrados.
Esta noche no tiene tu nombre escrito como lo tenía el sol del día, esta noche tu nombre ha pasado de tener “x” letras a tener 365 días acarreados.

Ya no dependo de esos días que ahora te has llevado contigo, ya no me hacen falta, voy más ligero, cómodo y despreocupado…

… Y no podría estar más destrozado que al querer olvidarte, estar contigo e intentar no recordarte, tanto a ti, como a ti, a ti y también a ti.


Autor: Ricardo S.T.

martes 13 de octubre de 2009

Avenida.

Y sigo aquí, bajo la luz de mi lámpara que hace que la silueta de la taza se refleje contra la pared, justo al lado del despertador… Y qué pena que mire la hora y sean las tres de la madrugada y tú no estés a mi lado.

Hoy he echado la vista atrás y te he recordado como me gusta recordarte, brillante y guapa sonriéndome, abrazándome desde la cintura y mirándome como lo hacías hasta culminar con un beso que ahora, si intento recordar, solo noto un sabor que me amarga.
Recuerdo tu delicadeza y tu versatilidad al moverte, al bailar usando tus caderas con vitalidad y haciendo que deseara que me siguieras manchando de carmín mis labios.

Ahora te mancho yo, pero con el tinte de mis letras, te marco y te pido que mires mis ojos mientras te dibujo y espero que recuerdes momentos mejores y que con ellos ates unos minutos de tu vida y te dejes llevar como lo hacías cuando yo estaba cerca.

Te escribo recordándote que agachabas la cabeza y me mirabas de esa forma tan pícara mientras te acercabas y me susurrabas tus cosas al oído.
Te veo y pienso en mi mano deslizándose por tu pelo y la tuya acariciándome la cara, y yo con el bello de punta y tú pestañeándome cerca, tanto que el aleteo de tus pestañas me embriagaba junto a tu perfume, ese que ya no olvidaré y que sigo notando si estas cerca.

Te veo y pienso en situaciones y elecciones, en verdades y en mentiras…

Qué pena que mire el reloj y marque algunos minutos más de sueño robado. Me asomo a la ventana y no veo a nadie, solo a esa calle con la que soñé ir acompañado de ti, contando anécdotas… Pero ayer volví a ir solo, de madrugada… Como todas las noches… Solo y mirando la acera, cada recuadro y cada línea matizada de asfalto que se junta con el arcén de la carretera, vuelvo a ir solo y pesando en lo anterior, en el pasado, en días atrás, quizás en meses.

Vuelvo solo entre palmeras y edificios, ruedas de coche y semáforos que se ponen en verde.
Veo de lejos el final del camino, tendré que girar a la izquierda dejando atrás esta avenida. Avenida en la que te he soñado muchas veces, avenida en la que se junta el frio y los corazones calientes.

Sigo andando y ahora hago crujir la espalda y se oye un grillo en un árbol rompiendo el silencio que simboliza esta calle… Se calla tras mis pasos y lo dejo atrás.

Parpadea la luz del semáforo y veo que, como ella, una sí y una no, sigo solo, sin ninguna figura verde que me indique que puedo seguir adelante.

Estoy llegando y sigo con la mirada agachada mirando mis pasos. Por fin algo rompe la monotonía: un coche con dos asientos ocupados, con un asiento que hace compañía al volante.

Necesito que te vuelvas e intentes recordar malos vicios y risas, chaquetas y besos.

Qué pena que ahora mire el reloj y la madrugada sea la única acompañante que me vea y me escuche, la única acompañante que sepa que quiero olvidarte y estar contigo.



Autor: Ricardo S.T.

lunes 21 de septiembre de 2009

Entre nuestros rincones.

Y hoy, ahora, miro todos los lados de mi habitación y me entretengo en los rincones con la mirada fija, perdida e intensa…

Miro el reloj y veo que son casi las doce de la noche y agito la cabeza en señal de desaprobación al verte abrazada a matices que no son los míos. Miro recuerdos y empiezo a recordarlos más profundamente, siento tus colores y tus ojos y labios sonriendo en mi cara, veo como pasan las luces al revés desde mi ventana y sigo recordando situaciones.

Sigo sentando y viendo resúmenes de mi vida en forma de fotografías, instantes de memoria y recordatorios de sentimientos y emociones.
Me reincorporo a la silla y veo mis dedos intentando destripar mi corazón a base de letras y movimientos… Es demasiado difícil conocer las palabras necesarias para describirte a ti, a mí, a tus momentos, a los míos… A nuestros momentos… A vuestros momentos.

Sigo mirando a los rincones de mi habitación intentando leer mis pupilas, sigo sin pestañear y mi cabeza está hundida en los recuerdos y emociones que nos hicimos para la eternidad… Me duelen los sentimientos y hago “así” con los hombros mientras me cruje la espalda. Levanto la cabeza y cierro los ojos, suspiro y no puedo sacarte de mi cabeza.

Han pasado los días, muchos, también meses… Incluso cuento alrededor de un año y sigo viéndote a mi lado, sonriendo y diciendo lo que piensas, sigo sintiendo ese aroma que desprendías mientras te acercabas y me cogías de la cintura. Sigo sintiendo esa emoción que tuve por verte, por verte y buscar entre los dos cualquier rincón sin luz donde los besos sonaran en el eco y te pedía que te agarraras de mi mano y no me soltaras en ningún futuro.

Quiero que deslices tu pelo entre mis dedos, que pongas mi piel en tu corazón y tu corazón en el mío, me gustaría volver a aquella escena, rodeados de chaquetas y luces, calles y altura. Me encantaría poder decirte otra vez como me siento si estás cerca. Me gustaría decirte que quiero quererte y revivir de nuevo el cuento que me he estado contando cada noche desde que te alejaste de mi cuerpo.

Veo el reloj y es de madrugada, es hora de irme, soñaré contigo, soñaré conmigo y quizás me despierte y todo esto sea un sueño y abra los ojos y estés tú, esperándome sonriendo y haciéndome señas para que me acerque para abrazarme fuerte, tanto que me entren escalofríos de alegría como el que estoy sintiendo ahora mismo.



Autor: Ricardo S.T.